miércoles, septiembre 26, 2007

La pura vida con el Rey



A little less conversation (JXL Remix)
O como se diría comúnmente: "Menos pinche plática y más acción"




Such a night, con Kurt Russell como impersonator de Elvis,
de la película 3000 miles to Memphis

Etiquetas: ,

miércoles, septiembre 12, 2007

La pena ajena

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket
Unidos por una sola causa: la de sus patrones

No sé a ustedes, pero a mí cada vez que veo a alguien hacer el ridículo, en lugar de darme risa, me ruborizo, cierro los ojos (o le cambio de canal, si es que sale en la tele) para no seguir viendo a esa persona hacer el papelón. Es lo que le llaman “pena ajena”: cuando al espectador del ridículo le da más vergüenza que al propio perpetrador del mismo.

Estos días han sido de verdadera pena ajena, pero nada más voy a mencionar dos casos: primero, el sainete de los millonarios dueños de los medios electrónicos, que acudieron en tropel, acompañados de sus esbirros, cual pandilleros de barriada, a tratar de echarle montón a los senadores con el fin de intimidarlos para que dieran marcha atrás en su empeño de aprobar una reforma electoral superficial, pero que les dio donde mero les duele: la lana de la propaganda política.

No voy a repetir lo que ya se ha dicho hasta el cansancio (si quieren una buena relación de los hechos, vayan al blog de Katia D’artigues en El Universal), nada más comentaré el deplorable papel que hicieron los ricachones señores y sus gatos de angora (ejecutivos, representantes empresariales y “líderes de opinión”) en cadena nacional durante casi cuatro horas.

Por ejemplo, el otro señor López, que sale en el noticiero nocturno estelar de Televisa, ataviado con un coqueto (por no decir joto) suéter rosa, afirmó, sin ruborizarse siquiera, que él era “un simple trabajador de los medios” y que le preocupaba muchísimo que un artículo de la reforma mencionada prohibiera a terceros hablar mal de los políticos, porque eso “ponía en grave riesgo la libertad de expresión”.

Que sea menos. Él, como digno alumno y sucesor de Jacobo, siempre (desde que escribía en El Heraldo de México de los “democráticos” señores Alarcón) ha sido sirviente de sus patrones y de los poderosos, ayer priístas, hoy panistas y quizá mañana perredistas. Por lo menos Jacobo tenía la coartada de que antes no había de otra (hoy, incluso, Jacobo se ve hasta más incisivo que muchos otros dizque “periodistas independientes), pero ahora el señor López sí puede elegir si sigue como un lamebotas mediático o no, y él ha preferido seguir siéndolo. Por lo menos, hay que reconocerle ese mérito, no se le puede acusar de incongruente.

El señor Rogerio Azcárraga, dueño de Radio Fórmula, se aventó el puntacho de decir, casi echando espuma por la boca, que los legisladores estaban a punto de realizar una “expropiación” y un “secuestro” de la audiencia para poner programas “que a nadie le interesan, como La Hora Nacional”. No me diga, don Rogerio. ¿A poco todos los programas que transmiten sus estaciones son bien interesantes? ¿Entonces por qué nomás tienen anuncios de Discos Orfeón, que por cierto también es de su propiedad?

También habló ese prócer de la congruencia, de conducta intachable y paladín de la veracidad a toda prueba, conocido como La Cotorra Mayor, o sea, Pedro Ferriz de Con, que se lanzó de lleno contra los senadores y tildó la reforma de “ridícula y pueril” (más bien parecía que estaba describiendo la forma en que conduce sus programas). Además, dijo, que en las encuestas la gente le cree más a los medios que a los políticos. A’i nomás.

Pero ya, la gota que derramó el vaso, fue cuando le pasaron el micrófono a Paty Chapoy. ¿Ella qué o qué? ¿Qué tenía que hacer ahí? Y para probar que sus dos neuronas permanecen inalteradas, la señora logró articular verbalmente algo así como que “si ahora por decir que un político es guapo nos van a tachar de criminales o delincuentes” (a los periodistas, se entiende). Nomás faltó que también hablara Daniel Bisogno en lugar de Sergio Sarmiento. Allí sí empecé a pasar del coraje a la pena ajena, que es mucho peor.

Los senadores aguantaron vara y les dieron la viada en la primera ronda, pero al responder en la segunda los pusieron en su lugar. Nada más y nada menos, Pablo Gómez, ahora senador perredista, les recordó a los billetudos que las señales de televisión son concesionadas, que son del pueblo, y que ellos, los senadores y diputados, le pese a quien le pese, son elegidos como representantes del pueblo, y que por lo tanto tienen que vigilar y regular para que se haga buen uso de esos bienes del pueblo. En pocas palabras: “ustedes serán muy ricos, pero con el Congreso se chingan”. Se acabó el amasiato y el contubernio entre gobierno y medios iniciado por el retrasado mental de Guanajuato y la descerebrada furcia de Celaya.

La cosa acabó en un verdadero anticlímax. Los senadores dijeron que iban a tomar en cuenta las propuestas, pero al ratito ya estaban aprobando el dictamen de la reforma sin apenas cambiarle una coma. Los ricachos y sus secuaces se regresaron a hacer berrinche en sus programas nocturnos de “debate” (toda una delicia ver a Hannia Novell en el canal 40, con cara que quería parecer de indignación, pero que en realidad eran puros pucheros).

La cosa va para largo y tal parece que los príistas y perredistas, en contubernio con los panistas, les van a cobrar caros los agravios del 2006 a los señores de los medios (del IFE, ya ni hablamos; la suerte del Maguito Ugalde y sus patiños del Consejo General está echada, por más desfiguros y pataletas que hagan). Y los ricos mediáticos no están mancos ni se van a quedar con los brazos cruzados.

Esto empieza a oler a carnicería, pero como dicen por ahí: el que a spot mata a reforma muere.

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket
"¿Qué, de a cómo el boleto o qué?"

El otro desfiguro sucedió horas antes, en los premios MTV, con la reaparición de Brenda Esparza, mejor conocida en el medio teibolero como la Britney Spears. ¿Cómo es posible que alguien que ha estado tan arriba caiga tan bajo? ¿Cómo es posible que las personas que tiene cerca (sus papás, sus amigos, su manager, quien sea) la dejen hacer semejantes desfiguros ante millones de personas?

A lo mejor la tipa, de tanta droga y reventón, ya se volvió una necia que no entiende razones, pero lo cierto es que después de esto su carrera, oficialmente, está tres metros bajo tierra. De ahora en adelante sólo será carne de tabloide. Deveras, cualquier chava de un table en la zona roja más rascuache de EU se mueve con más gracia y se ve más buena que esa vaca en que se ha convertido la que era la fantasía sexual de media humanidad.

Se sabe que se la pasó de pachanga la noche anterior con su comadre la Paris Hilton y unos negrazos rapperos, pero ¿por qué tenía que salir tan pacheca? ¿No le podían haber dado un pericazo o un pase de amoniaco para que despertara? Y para acabarla de amolar, se le rompe el tacón de la bota. Eso sí es estar salada.

Aunque más pena ajena dio la empresa Viacom, que prohibió terminantemente que Youtube permitiera que se subiera el video de la infame actuación de la Bricny. Como si eso fuera a frenar su difusión. Permítanme que me ría: juar juar.

Si no la vieron, y quieren saber lo que es la pena ajena, la pueden ver aquí.

Etiquetas: ,

lunes, septiembre 10, 2007

Luciano y yo

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket
Dos titanes se saludan

Resulta que el sábado en la noche asistimos a un íntimo ágape para festejar un cumpleaños más del gran amigo y maestro Javier Malpica. Todo iba muy bien, hasta que al Gato Quezadas, por carecer de talento suficiente para las evoluciones dancísticas, se le ocurrió agarrarme de su puerquito (literal y figuradamente):

"¡Ándale, Luciano, aviéntate un aria!", "¡Órale, échate Miss Sarajevo!"

Y así, duro y dale, hasta las 4 de la mañana, en que cayó víctima de sus propios excesos y terminó abrazado a la taza del baño contándole sus penas (si les digo que los caminos del Señor son insondables).

En algún momento, para seguir la chanza, dije: "Pues no me lo van a creer, pero yo tengo una foto con Pavarotti". De inmediato se escucharon las obscenas expresiones de incredulidad. "De veras", reiteré. "Nomás la escaneo y se las mando".

Lo hice y ahora la posteo para que también ustedes, incrédulos cinco lectores de este remedo de blog, me crean. Fue en 1989 ó 1990, en el Museo Carrillo Gil. Entonces yo no usaba barba (jeje).

Pero eso no es todo. Viene lo mejor:

Cuando se acabó el guateque, me fui a casa en taxi. Al entregarme el cambio, el chofer me dijo: "Espero que no se moleste por lo que voy a decirle, pero ha sido un honor traer en mi carro a Luciano Pavarotti", soltó una carcajada como maníaco y salió disparado hacia el inminente amanecer dominical.

Deveritas que así fue.

Etiquetas: ,

jueves, agosto 30, 2007

Buenas nuevas en el 22

Ayer se anunció la nueva programación del Canal 22. Dentro de esas novedades, hay tres que me llenan de gusto:

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket

1) La nueva temporada de La dichosa palabra, donde participan mi querido amigo y maestro Eduardo Casar y la guapa Laura García.

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket
(Pícale para ver la imagen en grande)

2) El inicio del programa especializado en teatro Paso de Gato, proyecto que se desprende de la revista del mismo nombre, dirigida por mi querido colega Jaime Chabaud. Paso de Gato es la mejor revista sobre temas teatrales que se hace actualmente en nuestro país y es de esperarse que el programa extienda la calidad y el rigor de la revista al formato televisivo.

3) El lanzamiento de la agencia de noticias culturales Noticias 22, de la que es editora en jefe la dinámica y enérgica Yolanda de la Torre y como coordinador editorial el incisivo "Alacrán" Alberto Arriaga.

Este es el proyecto más novedoso, aunque habrá que ver cómo evoluciona la coordinación con el CONACULTA y el INBA, principalmente, para que no haya duplicidades ni competencias desgastantes, sino más bien complementariedad y ampliación de públicos.

Por lo pronto, la agencia incluye en sus notas información no sólo de actividades gubernamentales sino de todo tipo de fuente, siempre y cuando tenga relevancia cultural.

Enhorabuena a todo el equipo. Los canales culturales son una bocanada de aire fresco entre tanta estulticia que domina en el deplorable sintonizador de la tele mexicana.

Etiquetas: ,

martes, agosto 07, 2007

Cadena Tres: Más de lo mismo, pero peor

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket
Televisión vacía... de propuestas

Mientras la Suprema Corte de Justicia daba a conocer su veredicto en relación con la so called "Ley Televisa" (si quieren enterarse de cómo estuvo y sus repercusiones, lean los excelentes materiales de la revista etcétera de junio), casi a las calladas, el 28 de mayo inició transmisiones un "nuevo" canal de televisión abierta, aunque sólo en la banda de UHF en el DF y por cable en provincia: Cadena Tres.

Se supone que así se bautizaron por obvias razones ("Televisa, TV Azteca y ¡nosotros! Cadena Tres. ¿Somos geniales, o qué?"), pero más de dos meses de transmisiones son suficientes para dictaminar que la autodenominada "Televisión Abierta" nomás es pan con lo mismo, pero peor.

No les voy a repetir la historia de quién es Olegario Vázquez Raña, dueño del Grupo Ángeles y uno de los empresarios consentidos y más favorecidos del foxiato (porque ya lo hizo, mucho mejor que yo, Miguel Ángel Granados Chapa hace más de un año), ni de cómo se hizo del canal, pero les puedo asegurar que no tiene nada qué envidiarle Ricardo Salinas Pliego con sus "moditos llenos de libertad" para literalmente secuestrar y adueñarse de una frecuencia televisiva que no le corresponde legalmente.

De lo que sí les voy a contar es de la programación. El día se abre con un noticiero con Francisco Zea, un tipo que yo había visto en un programa de debate de Canal Once y de repente apareció aquí. En el Once era bastante serio y hasta recatdo, pero un día lo escuché en el radio (¿No les había dicho que casi todos los comentaristas de la "nueva opción" televisiva trabajan también en Imagen, la empresa radial de don Olegario?) y casi me vomito por su "simpatía". Desde luego, Zea es un merolico que se dedica a pontificar, tirar netas y editorializar con comentarios estúpidos, fuera de lugar y dizque "ocurrentes" (los cuales adereza con una sonrisita chueca de supuesto galán). Los que creían que era suficiente con un solo Carlitos Loret de Mola, "el Simpatías de las noticias", estaban equivocados.

Luego hay un programa con Guillermo Ortega Ruiz, quien fue defenestrado de Televisa sin miramientos hace años y ahora es flamante director del diario más objetivo e imparcial que haya circulado por las calles en la ciudad de México (oigan, es irónico, ¿eh?, no se la vayan a creer): La Crónica de Hoy. Lo acompaña otra exiliada de Televisa y cuyo coeficiente intelectual es de menos dos: Mayra Saucedo.

Enseguida está el programa de entrevistas de Fernanda Familiar, que a veces tiene buenos invitados, pero en general hace lo mismo que en el radio. Le sigue un programa de sugerencias de espectáculos y cultura con Lucero Solórzano. Ella se había dado a conocer como comentarista (que no crítica) de cine, pero se ve que la tele no es lo suyo. Se le nota tiesa y a disgusto. Y a eso se le añade que tiene de comparsa a un tipo insoportable de tan sangrón (a ese sí no lo había visto nunca y ni me acuerdo cómo se llama).

El programa "Nada a medias", que es precisamente lo contrario: todo se queda a medias, porque nada se concluye. Hagan de cuenta que durante una hora nos vemos obligados a fisgonear en una mesa de cafetería de Polanco donde cuatro "amiguguis" se reúnen a cotorrear el punto sobre cualquier tema (desde política internacional hasta cirugías plásticas), sin importar que la gran mayoría de las veces no tengan ni la más puta idea de lo que se trata y sólo recurran a los lugares más comunes que se les ocurren.

La voz cantante de la mesa la lleva esa cosa inefable que empezó escribiendo sobre política en revistas y diarios, y luego saltó a Televisa en un programa dizque informativo llamado "Planeta Tres: A Chaleco", donde querían echar relajo con las noticias políticas (hagan de cuenta que su idea era hacer un "Mañanero" como el de Brozo pero para tránsfugas de Tecamachalco). Claro, me refiero a Yuriria Sierra, una de las mujeres más desagradables que han aparecido en las pantallas nacionales.

Toda ella es desagradable: su cabello, su cara, su vestimenta, su presencia, pero sobre todo su voz tipluda. Si a eso se le suman sus "sesudos" comentarios (por ejemplo, el día que tocaron el tema de Zhenli Ye Gon, no dejó de llamarle "El Chinito Chinchulana". ("¡Jior, jior, qué buen puntacho, eres una genio, mi gordis!"), pues ya sabrán la tortura que implica aguantarla más de un minuto al aire. Y para acabarla de amolar, es la titular del noticiero de la tarde.

También salen otras dos, que creo que son psicólogas o vendedoras de Tupperware (para el caso es lo mismo), y una más que se llama Mariana H, que es la que dice las cosas más coherentes cuando la Yuricerda no le arrebata la palabra. Me he venido a enterar que esta chava es locutora y que también bloguea. Por lo que se puede leer en su blog en Dixo, es bastante alivianada e inteligente, por lo que me extraña que acepte participar en ese tipo de desfiguros. Además de que se ve que le funciona el coco, la niña no está de mal ver, es bastante guapetona y tiene presencia hasta como para tener su propio programa de tele. Yo sí le daba... digo, su programa para ella sola.

Al mediodía hay una revista de temas médicos, "Segunda opinión", pero que no inspira así como que mucho. Estaría bien para una estación de AM a las tres de la mañana.

Ya en la tarde vienen las series y caricaturas. Puras repeticiones o cosas que se pueden ver en cable. Por ejemplo, ¿para qué repetir "Party of five"? Está bien que Neve Campbell sea una reina, pero... ¿y? Lo único que a veces me quedo a ver es "The Shield", porque Vic Mackey (Michael Chiklis) es mi ídolo por cabrón y ojete.

A media tarde, no podía faltar su "programa de periodismo de espectáculos" con el enano Santanón... ah, no, perdón, con Gustavo Adolfo Infante, engendro producto del amasiato entre Paty Chapoy y Pepillo Origel, al que flanquean dos monitas que apenas opinan, porque parece que le tienen miedo al zotacazo.

En la noche, viene el noticiero "estelar" con Pedro Ferriz Bocón (¿deveras habrá gente que le crea y le guste enterarse de las noticias con este señor?), y más adelante un programa de "análisis" con otro tránsfuga de mil medios: Jorge Fernández Meléndez, "mexicano de origen argentino" (como Chachacharlie Ahumada) y de quien se dice que es una de las plumas más vendidas de la prensa nacional.

Y casi a la medianoche, el programa de deportes con Pablo Carrillo, como si no tuviéramos suficiente con los de las otras televisoras ¡Carajo! ¿Cuántas formas diferentes puede haber de comentar o "analizar" un partido de futbol?

El sábado en la noche hay una especie de "talk show" (creo que importado de ¡Venezuela!) que se llama "Ya es medianoche en China" o algo así. Es infumable, peor que Adal Ramones, pero por lo menos el narigón, en su chafez, trataba de ser él mismo. El tipo de este programa quiere emular a Conan O'Brien o a David Letterman, y pues nomás no se puede, mi chavo.

La producción de los programas es sumamente pobre, más bien parecen estudios de radio que trasmiten por televisión. Con decirles que las transmisiones de Telefórmula, con todo lo chafas que son, se ven mucho mejor. No obstante, las cortinillas y promocionales son buenos y manejan una imagen diferente que los identifica, pero nada más.

Lo que yo me pregunto es: ¿qué caso tiene entrarle al negocio de la televisión si se va a ofrecer lo mismo? ¿Para qué pongo una fonda si voy a ofrecer las mismas fritangas de las dos que tengo en la acera de enfrente?

Ah, ya entiendo. Se trata del billete y el tráfico de influencias para sus demás negocios. Bueno, eso es lo que sucede cuando se permite que aboneros y vendedores de muebles manejen medios de comunicación.

Afortunadamente, todavía existe la opción de apagar la tele y encender un churro... perdón, quise decir un libro.

Etiquetas:

lunes, julio 23, 2007

El corporrock de Metallica

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket

¡Qué bonita familia, qué bonita familia! ¿Quién los viera antes tan briagos y desmadrosos?

Yo no vi en el cine Metallica: Some Kind of Monster, el documental lanzado en 2004 sobre ese grupo de rock pesado, el cual vendió millones de discos en los ochentas y noventas. Es más: no sé si se exhibió aquí. Pero hasta ahora lo he podido ver en DVD y me ha resultado sorprendente.

Se supone que la intención original del film era registrar el regreso del grupo al estudio de grabación después de varios años ausentes. Sin embargo, lo que parecía una buena idea se convirtió en un ejercicio insoportable de autoindulgencia, megalomanía, trivialidad y descarado mercantilismo.

Al inicio de la película, los tres miembros restantes del grupo (el guitarrista y cantante James Hetfield, el baterista Lars Ulrich, y el requintista Kirk Hammet) están reunidos en un cuarto de hotel en San Francisco con el productor del disco, Bob Rock, y un “coach de desempeño”, Phil Towle, contratado por la compañía que representa al grupo para que los “ayude” a resolver sus problemas de relación al interior del grupo, agravados sobre todo porque el bajista del grupo, Jason Newsted, los ha abandonado, ya que Hetfield le prohibió terminantemente que emprendiera cualquier otro proyecto musical fuera de Metallica.

Hetfield y Ulrich se enfrascan en una lucha de poder por el control creativo del grupo, hasta que Hetfield es recluido en un centro de rehabilitación para alcohólicos. La grabación se retrasa por más de un año, hasta que Hetfield sale del tratamiento y quiere establecer nuevas reglas para el grupo; por ejemplo, que nada más trabajen en el estudio desde el mediodía hasta las 4 p.m., para que pueda llevar a las clases de ballet a su hijita, y que NADIE le haga cambios a las canciones hasta que él esté presente.

Ulrich, que también es un egomaníaco, además de control freak (maniaco del control) y workaholic (trabajólico), no entiende por qué tiene que ceder a las necesidades de Hetfield, mientras él la está pasando del carajo (aunque no lo diga), ya que el grupo ha perdido miles de fans luego de que Ulrich emprendiera su batalla en contra de Napster (el sistema de para compartir canciones por Internet), que llevó a la clausura de esta compañía. Hammet, por su parte, es el más centrado: se dedica a recluirse en su rancho, surfear e ir a un curso de manejo.

Finalmente, el grupo logra sacar adelante las grabaciones del nuevo disco, reclutan a un nuevo bajista y deciden que ya no necesitan más al “coach” (al cual le pagan 40,000 dólares al mes) y lo despiden. Éste cree que su trabajo no ha terminado y se aferra a seguir con ellos, pero de todas formas lo mandan a volar. El disco resultante fue St. Anger, que recibió críticas adversas, por su descuidado sonido y porque no se incluyeron los veloces solos de guitarra que hasta entonces habían sido el sello musical del grupo.

Para empezar, hay que destacar que para el film entrevistan a Jason Newsted, el ex bajista, quien revela que también decidió salir del grupo porque iban a contratar un terapeuta para resolver sus problemas personales, lo que para él resultaba contradictorio para un grupo al que le apodaban Alcohollica (por sus excesos etílicos durante las giras) y cuyas canciones hablan de temas oscuros, sobre odio, rabia, rebeldía y descontento con la vida. “Eso de la terapia es para maricones”, nomás le faltó decir al ex bajista.

Además, la idea de la terapia vino de la compañía representante, y no de los miembros del grupo. Es evidente que a los representantes les preocupaba que se les fuera acabar el negocio si el grupo se separaba definitivamente. Resultan a veces hilarantes, a veces enternecedoras, a veces insoportables, las sesiones de grupo donde el coach trata de que los músicos dialoguen y “hagan contacto con sus sentimientos”.

De repente, me sentí en una de esas reuniones de alta dirección donde, después de que el dueño de la empresa les pone una cagotiza a los empleados por no alcanzar los objetivos de ventas, les traer a un “motivador” para que aprendan a trabajar en equipo y se conviertan en “ejecutivos triunfadores”. Es decir, la ideología de “excelencia” de Miguel Ángel Cornejo trasplantada al rock.

¿Qué sigue? ¿Las sesiones psiquiátricas de Axl Rose transmitidas en vivo por MTV? ¿Una película sobre las juntas de negocios para armar la siguiente gira de los Rolling Stones ó U2? ¡Que Dios nos coja confesados!

(Por cierto, antes de trabajar con Metallica, al tal “coach de desempeño”, Phil Towle, le fue revocada su licencia de la asociación de terapeutas por “conducta profesional impropia”, ya que una de sus clientas lo acusó de que insistía en continuar la terapia cuando ella sentía que ya no la necesitaba. Lo mismo iba a suceder con Metallica, pero Ulrich y Hetfield lo mandaron a volar, a pesar de su insistencia en que todavía lo necesitaban).

En una de las varias de las escenas climáticas, Ulrich simple y sencillamente le grita histéricamente a unos milímetros de la nariz “¡Chinga a tu madre!” (“Fuck you!”) a Hetfield y éste no se inmuta en lo más mínimo. (Si alguien me lo hace a mí, simple y sencillamente me paro y le parto el hocico, por muy “cuate” o “amigo” que sea el cabrón histérico, o por mucha terapia en la que estemos).

Otra escena es la del encuentro de Ulrich con Dave Mustaine, el primer guitarrista del grupo, al cual corrieron por borracho, drogadicto y violento. A él sí no le dieron oportunidad de que asistiera a rehabilitación y ha tenido que vivir con el estigma de ser “el ex Metallica fracasado”, viendo cómo sus ex colegas se hinchan de lana, mientras él apenas vende discos con su banda Megadeth. Y Ulrich todavía pone cara de sorprendido ante las dolorosas netas que le dice Mustaine; “No tenía ni idea de que sintieras eso”. Bah, otro perro con ese hueso.

Luego de ver el larguísimo documental (y chutarse el DVD con los extras, que duran casi lo mismo que la película), uno se pregunta qué hubiera pasado si los Beatles hubieran contratado a un terapeuta para resolver sus problemas y luchas de poder. En Let it be, que empezó también como un documental sobre la forma en que trabajaban en el estudio, resulta evidente el ambiente tan deteriorado en el que ya se encontraba el grupo, con la incómoda omnipresencia de Yoko Ono, los ego trips de Paul McCartney, la frustración de George Harrison y el valemadrismo de Ringo Starr. La diferencia es que ahí eso se manifiesta muy a pesar de los esfuerzos del grupo por parecer precisamente eso, cuando ya no lo eran. Esa película es un documento histórico sobre la disolución del más influyente grupo de rock que ha existido. Y aún así, después de eso hicieron su mejor disco en años, Abbey Road, su verdadero testamento musical.

En el caso de Metallica, nos encontramos con la descarada manifestación de la insaciable avaricia de las corporaciones de la industria musical, a las cuales les importan un bledo las tragedias personales y las genuinas búsquedas artísticas. Lo único que les importa es vender, así se tengan que ventilar públicamente los calzones sucios y las terapias matrimoniales de los roqueros que alguna vez significaron algo para sus fans, antes de convertirse en simples mercachifles musicales.

Etiquetas: , , ,

viernes, julio 13, 2007

Televisa y su falta de respeto a la inteligencia

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket

Ni princesas ni esclavas: el elenco estelar de
Esposas desesperadas por el sexo en la ciudad pero decentes.
Ah, no, perdón: Sexo y Otros Secretos.

Pues resulta que hace ya como dos meses Televisa lanzó un conjunto de nuevas series “originales”; es decir, por lo menos en cuanto a que están hechas en el país por actores, directores y productores mexicanos, aunque las ideas no necesariamente sean muy originales que digamos.

No es mi interés hacer reseña detallada de todas ellas (además, no crean que me la paso nomás viendo la tele, he visto dos ó tres episodios y ya con eso me basta para hacerme una idea, además, si quieren ver todos los capítulos pueden ir a este sitio), pero sí aludiré a aspectos de cada una.

En principio, es necesario señalar que el principal problema de Televisa no es la falta de talento ni de dinero. Su principal problema radica en la absoluta falta de respeto a un aspecto fundamental en la industria del entretenimiento: a las ideas y a la inteligencia. En efecto, en Televisa (de TV Azteca mejor ni hablar), empezando por su dueño, no entienden que la base de cualquier programa exitoso radica en contar en principio con un buen equipo de escritores.

Está documentado que las mejores series que ha hecho Televisa en sus más de 50 años de existencia provienen de un puñado de plumas: Roberto Gómez Bolaños, Mauricio Kleiff, César González “El Pollo” y Manuel Rodríguez Ajenjo, principalmente, a los que todavía siguen explotando bien y bonito, en bodriazos como La Parodia y La Hora de la Papa (¡horror!).

Kleiff, por ejemplo, fue el guionista de El Show de Los Polivoces, el programa de la mejor pareja cómica que ha existido en la televisión mexicana, creadores de verdaderos personajes prototípicos, tomados de la realidad cotidiana de nuestro país, como Don Laureano y Doña Paz, los Hermanos Lelos, Juan Garrison y el Agallón Mafafas, Chano y Chon, El Mostachón y el Washanwear, Gordolfo Gelatino y Doña Naborita, Armándaro Valle de Bravo y la Policía Siempre en Vigilia, Andobas y don Teofilito, y tantos otros. Muchos de esos personajes todavía se los siguen fusilando los llamados “cómicos” de hoy.

Por su parte, Rodríguez Ajenjo escribía para Ensalada de Locos, donde aparecían Manuel “El Loco Valdés”, Alejandro Suárez, Héctor Lechuga y a veces “Chabelo” en plan gandalla, no apto para niños.

En fin, pero eso fue hace más de 30 años. Hoy la industria de la televisión ha cambiado muchísimo y es casi imposible que una sola persona, por más talentosa que sea, mantenga siempre el nivel de genialidad para escribir guiones originales y frescos. Tarde o temprano la calidad termina por decaer.

En la actualidad, el único que más o menos ha sabido hacer las cosas bien es Eugenio Derbez, y no porque sea precisamente un genio, sino porque se ha sabido rodear de un grupo de escritores y guionistas que trabajan como debe ser, con respeto a las ideas y a la inteligencia (Digo, tampoco es para tanto, pero se salva por lo menos por tratar de hacer algo diferente).

Se supone que Televisa quiere competir en el ya de por sí competido mercado de las series, donde los gringos parten el queso desde hace décadas. Primero, habría que decir que los Estados Unidos de América han conseguido la supremacía mundial por tres vías: la militar, la económica y la ideológica, y ésta última está formada por un verdadero monstruo de tres cabezas: la industria del entretenimiento. Sus cabezas son el cine, la televisión y la música. Nadie mejor que ellos para hacer películas, series de televisión y canciones populares. El inconciente de casi toda la humanidad está retacado de imágenes, ideas y melodías provenientes de la industria norteamericana del entretenimiento.

¿Cómo lo han logrado? Para nada más concentrarnos en la televisión, diremos que, además de innovar, explorar, probar y arriesgar constantemente con contenidos y formatos, los gringos saben que lo principal son las ideas, y que las ideas provienen de los hombres, y que las mejores ideas provienen de las personas talentosas, y que para tener a las personas más talentosas hay que pagarles bien por su trabajo.

Es cierto: en la mayoría de los casos, lo más importante es la idea primigenia, esa idea genial que nadie había vislumbrado antes, pero una vez que la idea aterriza y cuaja en un concepto viable, el siguiente paso es reunir a las personas más capacitadas para que lo desarrollen y lo hagan crecer y avanzar. Esos son los guionistas y los escritores.

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket
El equipo de escritores de la temporada 13 de Los Simpson

Tomemos el ejemplo de la serie de televisión que más ha durado, Los Simpson. En la escritura de los capítulos de cada temporada participan 16 guionistas, desde luego, supervisados por el creador de la serie, Matt Groening, y dirigidos por un guionista en jefe. Cada guionista se hace cargo de un personaje y de desarrollar sus líneas de diálogo, que tienen que ser brillantes, ocurrentes y congruentes con la personalidad del mismo. Cada capítulo se lleva seis meses en ser producido, desde la idea inicial hasta que aparece en pantalla.

¿Cómo funciona en México? Aquí, una telenovela, por ejemplo la escribe una persona, a veces otra edita los diálogos. Y ya. No hay trabajo en equipo de ningún tipo. Si acaso, cuando ya se es un guionista con algo de renombre, se contratan “negros literarios” que desarrollan los guiones a partir del argumento dado por el guionista principal, pero frecuentemente son pagados éste, no se trata de un equipo contratado por la empresa o el productor.

Pero ahora ya ni eso. De un tiempo a esta parte, Televisa y TV Azteca se han dedicado a comprar franquicias de programas creados en otros países, sobre todo de Estados Unidos, Argentina y Colombia. Desde los infumables “reality shows” hasta series y telenovelas completas, como los populares Rebelde y La Fea Más Bella. Este último es un fenómeno digno de estudio, ya que hay Bettys feas en casi todo el mundo. En Estados Unidos, Salma Hayek compró los derechos y produjo la versión gringa que ha sido un exitazo.

En México se ha dado el bochornoso caso de que se refritea el refrito. Primero se transmitió la telenovela original colombiana Café con aroma de mujer, luego TV Azteca hizo su propia versión, pero respetando la premisa original, Cuando seas mía, y ahora Televisa hizo su propia versión, Destilando amor, con cambios tan burdos como nombrar a la protagonista Gaviota en lugar de Paloma (el chiste es que sean aves, ¿no?) y no se dedican al café sino al tequila (para que se vea bien mexicano). TV Azteca no se ha quedado atrás y ahora se dispone a estrenar su versión vernácula ¡de nada menos que The Nanny! Yo quisiera ver cómo le van a hacer para adaptar los chistes sobre la condición judía de la nana Fine de la versión original, que son como el 40 por ciento de cada capítulo.

Usted, amable lector, que ha seguido hasta aquí este kilométrico post, ¿empieza a detectar cierto déficit de creatividad e imaginación en la so called “principal televisora de habla hispana”?

En el caso de las nuevas series de Televisa, de acuerdo con las fichas técnicas de cada una, el equipo más grande de guionistas lo tiene 13 Miedos: siete escritores. Y no creo que los siete participen en todos los capítulos, porque precisamente la serie está hecha por siete directores distintos. Es decir, cada director debe tener su guionista de cabecera. A lo mejor por eso mismo se salva y está un poco (dije un poco, tampoco crean que es una chingonería) por encima de las demás, ya que trata de retomar la idea de Hora Marcada, la serie donde hicieron sus pininos Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón.

Un caso patético es el de Adal Ramones, con ¿Y ahora qué hago?, de la cual tuvo la idea original, la escribe, la actúa, la produce y la dirige. Y así le ha quedado su serie: insufrible, porque además supuestamente está basada ¡en sus propias experiencias como estrella de la televisión! O sea, ¿así o más Narciso, we?

Otro caso aún más patético es el de El Pantera, dizque basado en la legendaria historieta (que es como se dice en español y no “comic”) creada por Daniel Muñoz. Producido por los De Anda, especialistas en churros fílmicos de los 70, el concepto original de esta especie de James Bond totonaca ha sido totalmente tergiversado y despojado de su aura desmadrosa, cabulera e irreverente para tratar de convertirlo en una especie de vengador anónimo dizque karateca y con cara de puñal metrosexual. Los diálogos son solemnes y sin sentido y las actuaciones pésimas.

Eso sí: los encuadres son muy cinematográficos, con planos abiertos del remodelado Centro Histórico, y la aparición nutrida de pieles buenísimas, importadas todas ellas (hasta la ex Miss Universo, Alicia Machado, aparece en el papel de pirujona). Es decir, se ve que quienes decidieron producir la serie ni siquiera leyeron la historieta original, o simple y sencillamente no le captaron el chiste, porque la onda popular, alburera e insolente no es lo suyo. Pero eso tampoco les da el derecho de perpetrar un bodriazo infumable, ofensivo para todos aquellos que fuimos fieles lectores de las aventuras de Gervasio Robles y El Gorda con Chile.

La otra serie es Sexo y Otros Secretos ("o sea, S.O.S., ¿can you dig it?, ¡somos lo máximo de creativos, we; no mames!"), que, bueno, trata de fusionar Sex and The City y Desperate Housewives, y adaptarla a la subcultura del corredor Polanco-Roma-Condesa-Coyoacán. Es decir, "somos cuarentonas calenturientas, medio furcias, pero decentes y con los valores de la Gran Familia Mexicana (GFM)".

Imagínense que una de las guionistas es Martha Carillo, una de las conductoras más ñoñas que ha dado la televisión (que ya es mucho decir). A pesar de la dirección de Benjamín Cann (que hizo esa fenomenal película que derrumba precisamente el mito de la GFM, Crónica de un desayuno; por lo que sería bueno indagar cómo fue que terminó dirigiendo esta serie, y aún antes los episodios de Mujer, casos de la vida real, de Silvia Pinal), y la presencia de Susana Zabaleta en su gustado papel de Susana Zabaleta (o sea, de putona insaciable y cínica) y la sobrevalorada Claudia Ramírez, la serie es de una gazmoñería inaguantable.

Es conveniente reconocer los aciertos: muy buena producción y factura, sobre todo porque decidieron utilizar directores de cine, en busca de una estética de mayor calidad visual. También es destacable el hecho de que se pueda disponer de los capítulos en Internet y se puedan bajar y coleccionar.

Para finalizar, reitero que el principal problema de Televisa es la falta de respeto a las ideas y a la inteligencia. No se trata de repetir lo que ya se ha hecho (como en el caso de las sitcoms de Ortiz de Pinedo, con su dudosa comicidad), ni de “adaptar” ideas creadas para otras idiosincrasias. Se trata de salir a la calle y observar. Todas las situaciones y todas las personas pueden ser el germen para una buena idea de programa, desde un pordiosero hasta una niña bien, desde un periodiquero hasta un diputado. Lo importante es recurrir a quienes saben tener ideas desarrollarlas y plasmarlas en un guión. Y pagarles bien. Ese es el primer paso. Si no se da o se da mal, las cosas nunca van a cuajar como debieran. Los empresarios televisivos, como casi toda la clase empresarial de este país, tiene que entender que la creatividad nunca será una mala inversión.

Etiquetas: ,

jueves, junio 21, 2007

Zodiac

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket
Downey y Gyllenhall

David Fincher es uno de los directores más interesantes de la cinematografía actual. Desde su debut con Alien 3, pasando por Se7en, donde logra conjugar la quintaesencia del asesino serial fílmico, con el aterrador John Doe (interpretado por Kevin Spacey), incluso más allá del Hannibal Lecter de Silence of the lambs, hasta el retrato esquizofrénico de la decadencia moral del american way of life con Fight Club. Su interés primordial son las anomalías, los miedos y la locura debajo de la apariencia de normalidad, incluso en deslices no tan afortunados como The Game y Panic Room.

Por eso no sonaba tan descabellado que se hubiera embarcado en la realización de Zodiac, sobre el asesino serial que mantuvo en vilo a la ciudad de San Francisco, California, durante casi dos décadas, al que por cierto nunca pudieron atrapar y que se burló de lo lindo de la policía, los medios y la sociedad entera.

El reto era, pues, hacer una película sobre un asesino serial sin asesino serial. ¿Puede haber algo que cause mayor angustia que eso? La apuesta era alta y atractiva. ¿Cómo lograr un coitus interruptus sin que el espectador se sienta esquilmado sino todo lo contrario, hasta agradecido? Fincher decidió basarse en las investigaciones y conjeturas de Robert Graysmith, joven caricaturista que en los setentas se obsesionó con los asesinatos y con el tiempo se convirtió en el mayor especialista del caso, escribiendo varios libros de éxito sobre el asunto.

Para armar el relato cinematográfico y tratar de darle algo de coherencia, Fincher recurre a demasiadas licencias en relación con los hechos reales. Se justifica porque la película no pretende ser un documental sino una obra cinematográfica y su intención es mostrar al público los efectos de un caso como éste en la vida de los personajes y de la sociedad norteamericana misma, y sobre todo, destacar la paradójica y angustiosa ironía de saber quién es el asesino y no poderlo comprobar, si es que le hacemos caso a las discutidas conjeturas de Graysmith sobre el hecho de que Arthur Leigh Allen era el verdadero Zodiac y nunca se le pudo probar legalmente su culpabilidad.

Tres son los personajes sobre los que se sostiene la película: Mark Ruffalo, como el policía encargado del caso; Robert Downey Jr. como el periodista que da a conocer los acontecimientos, y Jake Gyllenhall como el mencionado Graysmith, que se obsesiona con el asesino y continúa investigando cuando ya a nadie parece interesarle aclarar nada. Algunos han criticado el desempeño de Gyllenhall, pero me parece que cumple con suficiencia su encomienda. Ruffalo actúa cada vez mejor y Downey está que ni mandado a hacer para papeles de chiflados obsesivos y decadentes.

Quizá el mayor problema de la película es que casi no hay acción. Los personajes van de aquí para allá, pero fuera de la reconstrucción de los asesinatos, en pantalla sucede muy poco. Así, es limitado lo que los actores pueden hacer para redondear a sus personajes y dotarlos de mayor relieve. Eso sí: la producción es impecable y Fincher es un obsesivo para recrear la atmósfera y los ambientes de la época, pero los diálogos contienen demasiada información y quien no esté familiarizado con los hechos reales se va a perder en la maraña de datos, conjeturas y procedimientos legales.

En resumen, no es la gran película de Fincher y tampoco es la película definitiva sobre el asesino del Zodiaco, pero sin duda les va a angustiar, a emocionar y a provocar múltiples reflexiones, si es que les gusta ir al cine no nada más a comer palomitas.

Etiquetas:

jueves, abril 05, 2007

La visión de los vencidos

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket

Han coincidido en cartelera dos películas que, aparentemente, no tienen muchos puntos de contacto, pero si pone uno atención los encontrará irremediablemente. Se trata de 300 y Alatriste.

La primera se trata de una transposición (porque no se le puede llamar “adaptación”, ya que es una calca encuadre por encuadre) de la “novela gráfica” de Frank Miller (ahora todos quieren ser considerados escritores: los guionistas quieren ser “autores de cine” y los historietistas quieren ser “novelistas gráficos”), de quien Robert Rodríguez hizo la versión de Sin City hace un par de años.

Como se sabe, el 300 se refiere al grupo de soldados espartanos encabezados por el rey Leónidas que se enfrentaron al poderoso ejército persa de Jerjes en la célebre batalla de las Termópilas. Hasta ahí todo bien. Visualmente, la película es impresionante. Es una de esas cintas que “deben” verse en pantalla grande. La plasticidad de las imágenes, la textura, los colores, los encuadres, todo es impactante. Nada más.

A diferencia de Sin City que es desde el principio una historia para comic, donde hay buenos y malos, sin matices (estereotipos, pues), aquí nos encontramos con una historieta que busca recrear un hecho histórico, y ya sabemos que el comic no es un instrumento muy agudo para lidiar con matices y profundidades psicológicas. Las grandes aportaciones de las nuevas versiones de Spiderman y, sobre todo, el Batman Begins de Christopher Nolan, es que han trascendido la simple historia de superhéroes y le han brindado una tridimensionalidad a los personajes que en su fuente original no tenían (y no tenían por qué tener, ya que para eso es el comic: la lucha sin cuartel entre el bien y el mal, como en la lucha libre).

Como 300 es una transposición casi literal de la historieta, adolece de las mismas limitaciones: maniqueísmo, personajes chatos, problemas de estructura narrativa (saltos inexplicables, asuntos inverosímiles, tramas irresueltas), etcétera.

Nomás para ilustrar, me voy a tomar la libertad de citar el artículo de Juan Villoro sobre la película que apareció hace unos días en el Reforma:

“¿Qué aprendemos de los espartanos? Básicamente que no les gustaba vestirse (incluso en la nieve están semidesnudos y la reina no lleva ropa interior). Su educación dejaba mucho que desear (consistía en abofetearse: el que no se desmayaba, aprobaba con 10). Sin embargo, por un capricho insondable, estaban obsesionados con la libertad. No querían ser, como los persas, dominados por tiranos. ¿Para qué deseaban la libertad? Supongo que para ir al gimnasio, porque les fascinaba tener marcados los músculos del vientre. Un espartano jamás se ponía chipil y sólo pronunciaba la palabra "amor" bajo una lluvia de flechas. En combate, su raciocinio pertenecía a las especies inferiores, un poco por debajo de la hiena: prefería morir a replegarse. (Hago un pequeño salto de milenios y me acerco a la Casa Blanca: a todo esto le llamaban luchar por la razón y oponerse al misticismo). Gracias a Stallone y Schwarzenegger sabemos que un hombre de acción pronuncia con dificultad. Tal vez por ello, el héroe de las Termópilas habla como si viniera del dentista y le hubieran dejado algodones en la boca. No dice "this is Sparta" sino "chiiis issss Shhhhparta". Luego sonríe con temible prognatismo”.

Se supone que no deberíamos ver en la película una metáfora de la situación actual de Estados Unidos en Irak (cada reseña que he leído prohíbe al lector siquiera atreverse a imaginar esa obviedad), pero ya sabemos que el cine es, de alguna manera, reflejo del inconciente colectivo de la sociedad de la que surge, así que es inevitable la comparación: ¿será que los gringos se están preparando inconcientemente para soportar la vergüenza de la derrota de sus despropósitos bélicos en Medio Oriente? Es decir: ¿reconocer que perdieron, pero perdieron como los meros machos, y "nomás espérense tantito, pinches árabes, porque a la siguiente sí nos los vamos a chingar"?

No obstante, las motivaciones profundas de una película como Alatriste no quedan tan del todo claras, quizá porque se trata de una película española, sobre un personaje español (interpretado por un actor gringo que habla como argentino) en una época específica de la historia española. Nuevamente, nos encontramos con una producción cuidadísima visualmente hablando (no por nada es la película más cara de la historia del cine español) la reconstrucción histórica es impresionante, casi se puede oler la cebolla, el ajo y el chorizo.

Pero aquí también tenemos el problema de que se trata de una adaptación de una serie de novelas que reproducen precisamente el género predecesor de la historieta: el folletín. Las cinco novelas de Arturo Pérez-Reverte sobre las andanzas del capitán Diego Alatriste que se dejan leer tan bien en forma de libro, no dieron el ancho para el cine: fueron vilmente tasajeadas por el director y guionista Agustín Díaz Yanes, y todo aquél que no esté familiarizado con los libros ni con los hechos históricos del imperio español en el siglo XVII no va a entender ni madres. Las tramas fueron condensadas y reducidas para que cupieran en una sola película (como que se las olían de que no iban a poder hacer una secuela).

Aunque las actuaciones son decorosas, el asunto es que, más allá de los espadazos, se trata de una película casi sin diálogos, y cuando los personajes hablan, sus parlamentos a veces son de risa loca, ya que están simplemente copiados de las novelas (que no están hechas para ser película) y no ayudan a que la acción avance. Viggo Mortensen hace todo lo posible para darle algo de profundidad al capitán Alatriste, retrata a toda madre ante la cámara, pero ante tal galimatías de acciones y supuestas intrigas no se logra entender mucho de sus motivaciones, porque el trazo del personaje no llega más allá del paradito ése medio joto con la mano en la cintura.

Resulta que, al igual que Leónidas, Alatriste muere heroicamente en la última batalla. ¿Otra premonición de la vergonzosa actuación española como parte de la coalición contra Irak? Habrá entonces que esperar una cinta sobre algún episodio bélico que haya perdido Inglaterra pero heroicamente (¿qué?, ¿el Combate de los Treinta?, ¿la Guerra de los Cien Años?).

Etiquetas:

martes, abril 03, 2007

“No quiero que nadie me dé nada (ábranme la puerta, yo mismo me sirvo)”


The Hire: Beat The Devil

Los cinco lectores que han seguido este remedo de blog se habrán dado cuenta que hubo un tiempo en el que este espacio parecía sucursal de Gayosso: nomás me la pasaba haciendo notas necrológicas.

Un día decidí que ya había estado bueno de hacerle al enterrador virtual, así que mejor me dediqué a postear otras cosas. Sólo rompí este propósito por la muerte de dos queridos maestros y ya.

Ahora, más que hacer una necrológica, retomo un texto tomado de la revista El Malpensante en la que recopila la "filosofía vital" de uno de los músico más influyentes de la música popular norteamericana: James Brown.

Lo más triste de su pasada muerte en diciembre de 2006 ha sido corroborar el malagradecimiento de muchos de los que tomaron (o literalmente copiaron) lo que Brown inició, que no fue menor. Sin él, no existirían (o lo harían, pero de otra forma), por ejemplo, Mick Jagger, Michael Jackson, Prince y casi todos los rapperitos y hiphoperitos de hoy (que se sienten muy malotes, pero que apenas andaban ensuciando pañales cuando el Padrino del Soul ya era quien fue).

Todos saquearon algo de los recursos vocales, dancísticos y musicales de James Brown, y casi ninguno se apareció en el sepelio o dio alguna declaración para rendir tributo a este maestro, que con su música y su actitud vital hizo mucho más que algunos políticos por el orgullo de la raza negra y la lucha por sus derechos civiles.

El video que encabeza este post es un excelente corto dirigido por Tony Scott (el hermano idiota de Ridley Scott), protagonizado por James Brown, que quiere "renegociar" el contrato que hizo con el mismísimo Chamuco (interpretado genialmente por Gary Oldman) cuando era joven. Digan si no es una joyita.

(Cabe recordar que dicho corto formó parte de una campaña de BMW, que contrató a diversos cineastas para que filmaran historias donde (por supuesto) aparecieran los autos de la marca, con Clive Owen interpretando a un chofer en todos los cortos. Por cierto, Alejandro González Iñárritu y Guillermo Arriaga hicieron tambien un corto para la campaña titulado Powder Keg.)

Lo que aprendí

Por James Brown

James Brown —"El Padrino del Soul", "El Hombre Más Trabajador del Show Business", "El Funk Soul Brother Número Uno"— murió el pasado 24 de diciembre, víctima de una complicación pulmonar que le descubrió su dentista. Para recordarlo, hemos recopilado esta autobiografía en sus propias palabras.

• Yo nací muy pobre, mis pantalones eran sacos de harina y no fue sino hasta los nueve años que tuve unos pantalones de verdad, que por cierto mi padre sacó de una casa de empeño. En casa tuvimos luz eléctrica cuando cumplí 15 y sólo pude llegar hasta el primer año de secundaria. Aun así, me rehusé a ser un perdedor. Nadie debería resignarse a ser un perdedor.

• Intento hacerle saber a la gente que no quiero que me den nada, sólo quiero que me abran la puerta y si no me lo gano, no me lo gano. Si me convierto en un vago, entonces déjenme convertirme en un vago por mi propia elección. Y entonces no me etiqueten como un negro vago, déjenme ser tan sólo un vago. Eso es orgullo.

• Por eso “No quiero que nadie me dé nada (ábranme la puerta, yo mismo me sirvo)” es una canción que permanece. Porque todavía hay muchas cosas que están negadas a los negros, a los latinos y a las mujeres. Muchos creen que están adentro, en el sistema, pero no. Cuando un chico negro de nueve años pueda levantarse y decir: “Mamá, creo que voy a estudiar mucho porque quiero ser presidente”, y tenga la oportunidad de ser presidente, entonces tendremos un país digno de ese nombre.

• ¿Cuándo y dónde he sido más feliz? Cuando saqué “Please, Please, Please” y tuve el primer par de zapatos en los pies.

• De todos los álbumes en vivo que hice en el Apollo, mi favorito sería el primero, Live at The Apollo. Me dijeron que no podía hacerse. 1962. Octubre. Le pregunté a la disquera si me dejaban hacerlo. No querían y no me dieron un centavo para hacerlo. Tuve que pagar todo yo. Así que saqué 5.700 dólares de mi cuenta y pagué el álbum. Hoy costaría un millón de dólares. Y ahora es el disco en vivo número uno del mundo. Insisto: no quiero que nadie me dé nada. Ábranme la puerta, y yo lo consigo.

• El baile es lo único que puede solucionar muchos de nuestros líos.

• De todos los artistas que han sampleado mi música y que la han usado para inspirarse, quienes han hecho el mejor trabajo son los que me pagan. Otros no me pagaron pero no me importa: los vamos a agarrar. Porque eso es todo lo que tengo para vender: mis canciones.

• Los Beatles son fantásticos, los Rolling Stones tienen más alma, y en cuanto a Bob Dylan, realmente no me he fijado mucho en él.

• En los años sesenta el sistema no nos quería dejar entrar... Con la canción “Sex Machine” tuvimos muchos problemas. Y vendimos un millón y medio de copias. Pensaban que el “Sex” del título significaba otra cosa. Pero no trataba de eso. No es una canción sobre sexo. Es una canción sobre un tipo demasiado tímido para bailar. Un tipo y una chica están sentados en un club, todos están bailando, y el líder de la banda canta: “¡Puta! ¡Me siento como una máquina sexual!”. ¿Qué hay mejor que eso? Es imposible superarlo. Es un disco muy limpio, pero estaban preocupados por el título. Cada vez que veo las palabras “Sex Machine” me acuerdo de una caja registradora abriéndose. Esa canción abrió más cajas registradoras que la mayoría de las canciones que conozco.

• El pelo es la primera cosa. Los dientes la segunda. Pelo y dientes. Un hombre con esas dos cosas lo tiene todo.

• Soy muy modesto. Me he vuelto más modesto a medida que envejezco.

• Los latinos no quieren que los negros tengan mujeres latinas, y viceversa. Pero las mujeres de todos modos van a hacer lo que a ellas les dé la gana.

• Cuando estoy en la tarima, sólo trato de hacer una cosa: darle alegría a la gente. Exactamente como hace la iglesia. La gente no va a la iglesia para encontrar problemas; va para olvidarlos.

• Si no hubiera empezado rodeado de putas, hubiera sido peor. Porque no hubiera conocido esa vida. Imaginen a un pobre tipo que no sabe nada de ese mundo, y al que eligen gobernador. ¿Cómo le va a decir a una puta que puede tomar otro camino?

• Admiré a mucha gente, pero a nadie tanto como al indio Jerónimo. Y si algo me duele es no saber lo suficiente sobre los primeros indios de América.

• He hecho algunas de las cosas de las que me acusan y, sí, lo admito, no estuvo nada bien.

• Si no le permites a un hombre que se eduque, tampoco lo metas en la cárcel para volverlo un tonto. Eso es lo que me hicieron a mí en Augusta, a los 15.

• La cárcel es uno de los lugares en los que tuve que estar. Como Jesucristo. Fui a la cárcel y se lo agradezco a Dios, porque descansé.

• Pude haber sido jugador profesional de béisbol, pero la canción y el espectáculo hacían que las damas chillaran y yo me olvidaba de todo lo demás.

• Yo les enseñé todo lo que saben, pero no todo lo que sé.

• Siempre lo dije: mejor que matar es ir a la escuela.

• Tengo unos dientes magníficos. Sí, los compré todos.

• Yo inicié el rap. Así que, ¿cómo podría sumarme a algo que yo inicié?

• Sean perversos, pero sean los mejores.

• ¿El momento más triste de mi vida? A ver... después de la muerte del doctor King. Después de la muerte de Robert Kennedy. Con las guerras que están sucediendo, con la gente que pierde la vida. No quiero defender la política, pero me gustaría defender sus vidas. Las vidas están más allá de la política. Los chicos más jóvenes son destruidos por bombas y cosas que no tienen por qué ocurrir. En Afganistán, en Irak y en nuestra propia calle. Porque los chicos no tienen adónde ir.

• La única palabra de cuatro letras debería ser amor. Y, tal vez, rezo.

• Soy dos veces viejo, lo único que puedo hacer es amar a todo el mundo.

• Cuando me subo al escenario, me siento como cuando tenía 25 años. Pero al terminar puede ser que me caiga. Me aseguro de que todos la pasen de maravilla. No hay problemas esa noche. Puede haber algunos al día siguiente, cuando me levante por la mañana.

• Sólo quiero ser recordado como el doctor Martin Luther King: un hombre que quiere ayudar a alguien.

• Lo mejor que pudiera pasarme es que Dios me saque de la cama cuando cumpla 73 años y me deje tocar.

Traducción de Mario Jursich Durán
Tomado de http://www.elmalpensante.com/76brevi.html

Etiquetas: ,

martes, marzo 20, 2007

Los gringos NO son estúpidos



Este video sólo demuestra una cosa:

Los gobernantes son reflejo fiel del pueblo al que representan.

Etiquetas:

martes, marzo 13, 2007

“¡Que no te domestiquen!”

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket

Padre, confieso que he pecado. Fui a ver la película Niñas mal con el único y libinidoso objetivo de ver a Martha Higareda y Camila Sodi. No me importaba admirar sus capacidades histriónicas, sino la posibilidad de que pudieran aparecer en escenas “candentes”. Pero no: a la Mini Martha ya no había mucho que verle desde su primera película y la sobrina de Thalía y Laura Zapata va a vender muy caro su amor aventurera antes de enseñar algo más que su cuerpecito en traje de baño (quizá, por ahí de los 50 años y después de muchas ciruhojalateadas, como Maribel Guardia, se atreva a enseñar los pellejos que le queden).

Pero entonces ¿qué fui a ver? Nada, el enésimo intento fallido de la cinematografía nacional por adaptar la comedia romántico-juvenil gringa a la idiosincracia nacional, o mejor dicho, a la idiosincracia de la juventud de la clase pudiente de México.

Se dio la situación de que la fui a ver el viernes de estreno en la función de las 4 de la tarde en un cine del sur de la ciudad, enfrente de donde trabajo. La sala se llenó con, obvio, jóvenes adolescentes, pocos adultos, en su mayoría jovencitas, muy parecidas, parecidísimas, a las que aparecían en pantalla: bellas, simpáticas, cuyas broncas existenciales más gruesas son del calibre de convencer a su pá o má de que les compren el modelo de celular más reciente, o conseguir reservación en el antro de moda, cosas así de peliagudas y profundas para personas que nacieron con la mesa puesta y no tienen por qué preocuparse cómo le van a hacer para comer mañana, sino más bien para no comer "porque estoy hecha una cerda, weeee" (diálogo reporteado por este tundeteclas).

La historia es muy simple: Adela, hija de un senador aspirante a la gobernatura de la ciudad (hagan de cuenta Marcelo Ebrard, interpretado por Rafael Sánchez Navarro en su gustado papel de siempre; es decir, interpretándose a sí mismo), es una aspirantilla a actriz que quiere “ir a estudiar actuación a Londres, como Gael” (en serio, así lo dice). Pero como es una rebelde desmadrosilla, el potentado supermillonario Vanderburguernstern (o sepa la madre cómo se llame) se niega a apoyar con lana la campaña del senador (hagan de cuenta Slim regatéandole el dinero a cualquier candidato presidencial) si la dichosa hijita no se enmienda. Para ello, el senador (que es todo un as para la negociación, por lo que se puede ver) logra que la Adelita se inscriba en una academia para señoritas (esto parece como de ciencia ficción, pero no: sí es cierto, sí existen ese tipo de cosas en México, D.F., en pleno siglo XXI; leí un artículo al respecto en la revista Chilango), organice una cena para que el ricachón vea que ya es una “niña bien” y le pueda sacar la pachocha. A cambio, el senador la mandará a estudiar aactuación a Londres, “como Gael” y, por supuesto, con el dinero de los contribuyentes, porque ni modo que él lo ponga de su bolsa.

La dichosa academia es dirigida por Blanca Guerra, que parece tener pacto con el diablo como Dorian Gray, porque casi no se le nota la edad y se ve guapísima. También sale Salvador Sánchez en el papel de “monseñor” (se supone que es como el cavernal Rivera o Millonésimo Cepeda, ya que desayuna con el senador y se lleva de a cuartos con puro chipocludo).

En la academia, Adela se encuentra con (¡casualidad de casualidades!) la prometida del hijo del ricachón Vanderbrugensternmarthen (o como jodidos se llame). La nena no es más fresa porque no nació en Irapuato y está celosísima de la asistente de su “gordo” (con justa razón, porque la asistenta es una argentina que ahora sale en el programa Tempranito y está buenísima). También se encuentra a la hija del director de la película (que siempre sale en las pelis de su pá) en el papel de una incipiente roquerita lesbiana, además de la típica niña boba de buen corazón, pero que ya está que se le queman las habas por dejar de ser virgen, y por supuesto, se encuentra la tal Sodi en el papel de una “nerdaza” que estudia economía (de seguro en el Tec o el ITAM), pero tiene una mamá promiscua y agobiada porque su hija nomás se la pasa leyendo y estudiando, y así nunca va a coger marido (en cualquier sentido que quieran darle a la palabra).

Como se trata de una comedia, pues ya podemos imaginarnos que la “niña mal” arma un desmadre, que echa a perder todo el plan, y al final ella lo arregla milagrosamente, porque le cae el veinte de que no hay que ser tan extremista sino que, gracias al amor, se puede triunfar y alcanzar todo en la vida. Punto fin, como diaría mi cuate El Tapones.

En la escena final, cuando la van a despedir al aeropuerto para irse a estudiar actuación a Londres "como Gael", Pía (la Sodi) le grita a la Adela-Higareda: “¡Que no te domestiquen!”, lo que resulta de una profunda ironía, si tomamos en cuenta que esta cinta es la primera producción de la división en México de Sony Pictures. Fernando Sariñana, que se había revelado como un director correcto y muy profesional, que cuida la producción y el concepto visual de sus películas hasta el más ínfimo detalle, y por lo mismo estaba que ni mandado a hacer para dirigir esta primera incursión directa de los estudios norteamericanos en el cine nacional. Se ha dicho en los medios que todos y cada uno de los detalles de la producción fueron supervisados desde Hollywood y que todos los cambios que quisieran hacer se tuvieron que negociar y ser aprobados desde allá. Control absoluto del estudio extranjero, pues. Aún así, se les fueron algunas lagunas en la trama, pero bueno, tampoco se va a poner uno muy exigente con una película de este tipo.

No dudo ni tantito que la película sea el hitazo del año (incluso por encima de los bodriazos Cansada de besar sapos y Efectos secundarios que van por el mismo tenor). Tiene todo para serlo: buena producción, actrices bellas y populares, excelente campaña de medios (están en todas las revistas y programas), etcétera. Pero ¿ese es el futuro del cine nacional? ¿Hacer churros mexicanos con las consabidas fórmulas gringas? ¿Caer en el facilismo ramplón, en la autoindulgencia, en la ausencia de ideas, de tesis, de propuestas? ¿O es que ya nos domesticaron?

Etiquetas:

domingo, marzo 04, 2007

Una película de pelos

Photobucket - Video and Image Hosting

Antes solía enojarme, pero ahora ya hasta me da risa. La obsesión de los imbéciles distribuidores (o quien sea el responsable) de ponerle títulos explicativos a las películas en lugar de respetar el original. Lo hacen porque creen que la gente en nuestro país es estúpida (no dudo que muchos lo sean, pero no todos ni la gran mayoría) y no va a poder entender o no se va a sentir atraída por un título como, digamos, “Thelma y Louise” y prefirieron ponerle “Un final inesperado”. ¡Claro que es un final inesperado! Al final las mujeres del título original deciden tirarse por un acantilado en un auto (perdón si no la han visto: me encanta arruinar las películas contando el final, jeje). Sólo porque es archiconocido el nombre de Titanic le dejaron el título; si no, de seguro le ponen “El naufragio de un gran amor”.

Ahora los muchachones encargados de ponerle títulos en español a las películas (me los imagino jóvenes, rozagantes, vistiendo a la moda, egresados de alguna universidad de élite, pensando: “¿Y ahora cómo le hago para que estos pinches nacos vayan a ver esta película aburridísima? Ah, ya sé. Haré lo que me enseñó mi jefe: utilizaré palabras como amor, misterio, pasión, locura, etcétera, sentimientos simples que hasta yo entiendo sin necesidad de que me los expliquen”) hicieron de las suyas con “Fur: An Imaginary Portrait of Diane Arbus”, que debería llamarse “Pelos: Un retrato imaginario de Diane Arbus”, pero prefirieron ponerle “Retrato de una pasión”, y ahí terminó de joderse todo.

Y digo que terminó de joderse porque la idea de la película en sí no es mala: sin ser una biografía estricta (más bien es una invención a partir de ella), es una gran metáfora de la vida de esta fotógrafa, que decide dejar su vida perfecta y aburridísima para sacar a flote sus obsesiones a través del arte y escandalizar las conciencias burguesas, retratando freaks, fenómenos, de la vida cotidiana de las calles y los bajos fondos de Estados Unidos: enanos, gigantes, siameses, retrasados mentales, travestis grotescos, personas comunes y corrientes pero desnudos, niños con granadas en el parque, entre otras linduras.

El director es Steven Shainberg, quien ya había hecho al estupenda “Secretary” en 2002, con la bellísima Maggie Gyllenhall y el gélido James Spader, en el papel de la pareja perfecta: un sádico y una masoquista. Ahora, de nuevo, trata de contar la historia de otra pareja perfecta: el artista y su obsesión, personificada. Y la obsesión de Arbus es un fenómeno con hipertricosis, es decir, un hombre peludo, pero lo que se dice peludo, como el hombre lobo o el Tío Cosa de Los Locos Addams.

La premisa es muy clara y sencilla: como las capas de una cebolla, debajo de la obsesión hay un misterio que se nos va develando y debajo del misterio está la belleza. Nuestro peludo amigo usa máscara y se esconde de las miradas indiscretas, y luego la incipiente fotógrafa le rasura todo el cuerpo para encontrar a un bellísimo efebo debajo de tanto pelambre. A él nunca lo fotografía como hombre peludo sino hasta que ya está rasurado. La metáfora está completada: el misterio del amor y la belleza es el verdadero fenómeno, lo que inquieta y perturba a las buenas conciencias. Nomás hay que rascarle un poco y conseguirse una navaja bien afilada y una buena cámara fotográfica.

Todo eso estaría muy bien si el director no hubiera escogido a Nicole Kidman para personificar a la protagonista. Trato de entender el chiste: la Kidman es tan bella que en sí misma resulta un freak, un fenómeno, una anomalía, pero un fenómeno bello al fin y al cabo, objeto del deseo de muchos (entre los que me incluyo), y resultaba buena para realzar el contraste entre tanta fealdad exterior e interior de los demás personajes.

Pero la cosa es que Nicole Kidman, desde que le dieron el Oscar por una nariz (la de Virginia Woolf) ya se creyó eso de que es muy buena actriz, y la verdad es que nomás no. Es agradable verla en pantalla, su rostro es de los más hermosos del mundo, pero se queda muy corta a la hora de transmitir emociones; por más que se esfuerce apenas tiene chispazos. Lo suyo son las miradas supuestamente intensas y los pucheros. Ésos sí le salen muy bien, pero son un recurso muy limitado a la hora de actuar emociones más complejas.

Y obviamente quien se la lleva de calle es Robert Downey Jr., el peludo enmascarado, quien logra cautivar nomás con la voz, la mirada y el lenguaje corporal. El chaparrín es un gran actor, pero con unos conflictos interiores que no podido manejar adecuadamente y han dado al traste con una carrera que podría haberle salido mil veces mejor. Sin embargo, precisamente esas broncas le han dado unos rasgos de hombre torturado (ya tiene el rostro arrugado, pues) que le sirven muy bien para papeles como éste.

Por otra parte, personalmente como espectador, me sentí esquilmado. La película abre con una provocación: la Kidman como la Arbus acude a un campo nudista para fotografiar a los asistentes. La recibe una pareja, obviamente, desnuda y le dicen que sí puede sacar las fotos, pero tendrá que desnudarse también. Corte a lo demás, y al final sólo vemos de lejitos a la Kidman encuerada. Ni un pezoncito ni una nalguita ni un desnudo frontal ni nada. ¡Carajo! ¿Qué le costaba enseñar su palmito si ya lo había hecho abiertamente en “Ojos bien cerrados” hace unos años? ¿Por qué ahora la mojigatería de su parte?

Por lo demás, la película es muy buena, la producción está muy cuidada, la fotografía trata de expresar con fidelidad esa visión del mundo torturada y extraña de Diane Arbus, pero por todo lo antedicho no cuaja todo lo bien que debería. Aún así, vale la pena ir a verla.


Si quieren saber más y ver fotos originales de Diane Arbus, vayan aquí.

Etiquetas:

domingo, febrero 25, 2007

La labor de venta del diablo



"Dejame que te dé un poquito de información de primera mano acerca de Dios. A Dios le gusta mirar. Es un burlón. Piénsalo. Le da instintos al hombre. Te da ese don extraordinario, y entonces ¿qué hace?. Pone -juro que nada más por su pura diversión, para su colección privada de chistes cósmicos- pone las reglas en contradicción. Es la burla de todo el tiempo. "Mira pero no toques". "Toca pero no pruebes". "Prueba pero no te lo tragues". Jajajaja. Y mientras tú te la pasas saltando de un paso al siguiente, ¿qué hace él? ¡Se la pasa carcajeándose, el hijo de la chingada! ¡Es un sádico! ¡Es un casero ausente! ¿Adorar eso? ¡NUNCA!"

Al Pacino (¿quién más?) como John Milton/Satanás en El Abogado del Diablo, de Taylor Hackford (1997).

Etiquetas:

miércoles, enero 24, 2007

Despatrados

Photobucket - Video and Image Hosting
El suertudote del Marlboro Bichir, como Pancho Villa...

El dramaturgo Hugo Argüelles afirmaba que el verdadero drama del mexicano era la ausencia del padre; es decir, que somos un país de “despatrados”, más que de desmadrados.

Aunque en las familias esté físicamente presente el padre, generalmente está ausente, pues la mayoría de los mexicanos sienten que han fracasado en la vida: tienen trabajos que odian, son sobajados y humillados por el jefe, el gobierno y sus mismas esposas, y por lo mismo han perdido el respeto por sí mismos y el de su familia. Los medios de comunicación se encargan todos los días de recordarles que son unos “don nadie”, ya que no son jefes de nada, no tienen una casota, ni un carrote ni una viejorrona buenísima siempre sexualmente dispuesta. La esposa y los hijos los ofenden y humillan. El padre, entonces, se refugia en algún vicio, generalmente el alcoholismo, y se convierte en un fantasma. Está ahí, pero a nadie le importa.

Sin embargo, hay padres que, a pesar de saberse fracasados en lo más hondo de su ser, mantienen un reino de terror en sus hogares a través de la violencia física, emotiva y simbólica. Ya que no pueden hacerse respetar, por lo menos logran hacerse temer. Igualito que el actual gobierno.

Y finalmente está el padre ausente, aquél que desaparece, que huye de sus responsabilidades y le deja todo el paquete a la madre.

Los hijos, a pesar de que la madre no se los infunda concientemente, de todos modos crecen con una relación de amor-odio hacia el padre que los rechazó (pero al que también añoran), o hacia ese padre que no se da a respetar, que soporta las humillaciones de la esposa, del patrón o de las autoridades, pero que en lugar de enfrentarlas huye y se refugia en la cantina, donde se siente el rey por unos momentos.

Entonces, la mexicana es, paradójicamente, una sociedad matriarcal que reproduce un patriarcado mutilado e impotente, donde el poder se ejerce sólo mediante la violencia, ya que no puede ejercerse a través de la autoridad que proporciona el ejemplo y el respeto.

Si en el cine (y el arte en general) de un país se refleja la psique de esa sociedad nacional, no es raro que sea recurrente el drama del mexicano despatrado, en películas como Amores perros, y ahora Fuera del cielo.

Hay que recordar (ahora que está tan de moda colgarse el milagrito del “triunfo de los mexicanos en Hollywood”) que la primera película de la dupla Arriaga-González Iñárritu es precisamente un tríptico sobre el padre: el ausente (los hermanos), el que abandona (el que se va con la modelo que queda coja) y el que quiere regresar (El Chivo). La película de Javier Patrón se regodea en lo mismo, con dos historias paterno-filiales, frágilmente conectadas, pero de gran fuerza dramática y visual, sobre todo por el gran trabajo de los actores y la cuidada puesta en escena.

El Marlboro (un Demián Bichir contenido que logra expresar el drama interno del personaje sin abrir casi la boca) es un ratero que sale de la cárcel después de cinco años. Regresa al barrio, donde es una leyenda por su fama de cabrón y ojete, a encontrarse con que nada ha cambiado, salvo que su mujer (Dolores Heredia) vive ahora con el judicial que lo entambó (Damián Alcázar). Esta mujer tiene una hija (Martha Higareda) que está en la edad de la punzada y sobre la que el Marlboro ejerce una enfermiza fascinación (quiere que se la coja, pues).

El Marlboro tiene un hermano menor, el Cucú (Antonio Hernández), que supuestamente lo traicionó y por eso lo entambaron, y un tío, Jesús (Rafael Inclán), un ex boxeador borrachín, cuya única gloria es haber noqueado a Pipino Cuevas cuando todavía no era campeón. El tío Jesús crió al par de hermanos, porque el padre los abandonó y la madre (una soberbia Isela Vega que en cinco minutos se roba la película), hoy una vieja decrépita y drogadicta, era una puta que se los regaló al tío. También está la historia del senador priísta (Ricardo Blume), con una hija que se va a morir de cáncer, pero cuya madre siempre la ha rechazado. El Cucú, que tiene como novia a una teibolera (Elizabeth Cervantes), le roba el bolso a la hija y al senador le quitan el carro y lo meten a la cajuela, nomás de cabrones, para luego irlo a tirar a un basurero.

No se las cuento toda para que la vayan a ver, pero espero que con estos elementos ya se hayan dado cuenta de hacia dónde va la cosa con esta película, que tiene momentos de una oscura intensidad y belleza.

Y sí, al final también uno tiene ganas de saltar al vacío desde el segundo piso del Periférico, nomás para escapar de esta pinche realidad mexicana tan culera.

Etiquetas: ,

lunes, enero 08, 2007

Hey Bulldog

John Lennon decía que esta canción era "un disco que sonaba bien, pero que no significaba nada".

No importa. La letra sigue siendo sugerente, aunque no haya querido significar algo.

Por ejemplo, esto:

"Cierto tipo de inocencia se mide en años.
No sabes lo que se siente escuchar tus miedos.
Puedes hablar conmigo.
Puedes hablar conmigo.
Puedes hablar conmigo.
Si estás sola puedes hablar conmigo".

La música es genial. Y lo mejor es el video, que yo no conocía y que descubrí en ese verdadero aleph que es youtube.com:



Disfrútenlo en lo que yo pongo un poquito de orden en todo este desmadre que es mi vida y luego vengo y les platico ya con más calmita.

Por cierto: feliz año. 2007 es el primer año del resto de mi vida.

Etiquetas: ,

sábado, noviembre 25, 2006

Robert Altman

Photobucket - Video and Image Hosting

Pues ni modo. Aunque alguno de los seis lectores de este remedo de blog le molesta que me ponga necrológico, la muerte de Robert Altman lo amerita.

Este gran director murió apenas el 20 de noviembre en plenitud de facultades. Se aprestaba a relaizar la promoción de su última película A prairie home companion.

Altman fue un artista excepcional que marcó su distancia en relación con las exigencias comerciales que Hollywood impone siempre a los directores. Hizo lo que quiso y eso le ganó el respeto de los actores, que casi se abofeteaban para aparecer en los multitudinarios repartos, aunque fuera en un papelito chiquito.

La primera película de Altman que vi fue The Player, una soberbia e inteligente crítica sobre la industria de Hollywood con Tim Robbins y esa reina que era Gretta Scacchi (¿qué habrá sido de ella?). Para los que no la han visto, no saben de lo que se pierden. Sin tapujos, Altman revela y se burla de los tejes y manejes de los estudios joligudenses, en una cinta donde sale casi todo mundo, hasta Julia Roberts y Bruce Willis.

Luego vi Short Cuts, basada en los cuentos de Raymond Carver, una visión ácida de la clase media y clase baja norteamericana, angelina para más señas. Luego vino Kansas City, su homenaje a la era del jazz, Charlie Parker, y una bandota de los mejores músicos de jazz de la actualidad tocando en vivo en el set mientras se filmaba la película. Luego vi Gosford Park, una película de época sobre la decadente aristocracia británica, y finalmente vi The Company, una especie de falso documental sobre la vida al interior de una compañía de ballet, proyecto que le llevó la bella Neve Campbell. No fue de sus mejores, pero vale la pena verla.

Yo admiro a los artistas que se niegan a sucumbir a las necedades de la industria y del mercado, y que logran aprovechar a ambos para la difusión de su obra, que para ellos es lo más importante. Esos son los artistas, para mí, que valen la pena. Es decir, aquellos que se ganan el respeto y no terminan sucumbiendo y negociando, dando las nachas pues, con el establishment, sino que se mantienen fieles a su arte y a sus ideas.

Una declaración, incluida en la nota necrológica de La Jornada, lo pinta de cuerpo entero: En una entrevista en la que se abordó su relación con Hollywood, Altman bromeó: "Realmente no tenemos nada el uno contra el otro. Ellos venden zapatos y yo hago guantes".

Etiquetas: ,