domingo, marzo 04, 2007

Una película de pelos

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Antes solía enojarme, pero ahora ya hasta me da risa. La obsesión de los imbéciles distribuidores (o quien sea el responsable) de ponerle títulos explicativos a las películas en lugar de respetar el original. Lo hacen porque creen que la gente en nuestro país es estúpida (no dudo que muchos lo sean, pero no todos ni la gran mayoría) y no va a poder entender o no se va a sentir atraída por un título como, digamos, “Thelma y Louise” y prefirieron ponerle “Un final inesperado”. ¡Claro que es un final inesperado! Al final las mujeres del título original deciden tirarse por un acantilado en un auto (perdón si no la han visto: me encanta arruinar las películas contando el final, jeje). Sólo porque es archiconocido el nombre de Titanic le dejaron el título; si no, de seguro le ponen “El naufragio de un gran amor”.

Ahora los muchachones encargados de ponerle títulos en español a las películas (me los imagino jóvenes, rozagantes, vistiendo a la moda, egresados de alguna universidad de élite, pensando: “¿Y ahora cómo le hago para que estos pinches nacos vayan a ver esta película aburridísima? Ah, ya sé. Haré lo que me enseñó mi jefe: utilizaré palabras como amor, misterio, pasión, locura, etcétera, sentimientos simples que hasta yo entiendo sin necesidad de que me los expliquen”) hicieron de las suyas con “Fur: An Imaginary Portrait of Diane Arbus”, que debería llamarse “Pelos: Un retrato imaginario de Diane Arbus”, pero prefirieron ponerle “Retrato de una pasión”, y ahí terminó de joderse todo.

Y digo que terminó de joderse porque la idea de la película en sí no es mala: sin ser una biografía estricta (más bien es una invención a partir de ella), es una gran metáfora de la vida de esta fotógrafa, que decide dejar su vida perfecta y aburridísima para sacar a flote sus obsesiones a través del arte y escandalizar las conciencias burguesas, retratando freaks, fenómenos, de la vida cotidiana de las calles y los bajos fondos de Estados Unidos: enanos, gigantes, siameses, retrasados mentales, travestis grotescos, personas comunes y corrientes pero desnudos, niños con granadas en el parque, entre otras linduras.

El director es Steven Shainberg, quien ya había hecho al estupenda “Secretary” en 2002, con la bellísima Maggie Gyllenhall y el gélido James Spader, en el papel de la pareja perfecta: un sádico y una masoquista. Ahora, de nuevo, trata de contar la historia de otra pareja perfecta: el artista y su obsesión, personificada. Y la obsesión de Arbus es un fenómeno con hipertricosis, es decir, un hombre peludo, pero lo que se dice peludo, como el hombre lobo o el Tío Cosa de Los Locos Addams.

La premisa es muy clara y sencilla: como las capas de una cebolla, debajo de la obsesión hay un misterio que se nos va develando y debajo del misterio está la belleza. Nuestro peludo amigo usa máscara y se esconde de las miradas indiscretas, y luego la incipiente fotógrafa le rasura todo el cuerpo para encontrar a un bellísimo efebo debajo de tanto pelambre. A él nunca lo fotografía como hombre peludo sino hasta que ya está rasurado. La metáfora está completada: el misterio del amor y la belleza es el verdadero fenómeno, lo que inquieta y perturba a las buenas conciencias. Nomás hay que rascarle un poco y conseguirse una navaja bien afilada y una buena cámara fotográfica.

Todo eso estaría muy bien si el director no hubiera escogido a Nicole Kidman para personificar a la protagonista. Trato de entender el chiste: la Kidman es tan bella que en sí misma resulta un freak, un fenómeno, una anomalía, pero un fenómeno bello al fin y al cabo, objeto del deseo de muchos (entre los que me incluyo), y resultaba buena para realzar el contraste entre tanta fealdad exterior e interior de los demás personajes.

Pero la cosa es que Nicole Kidman, desde que le dieron el Oscar por una nariz (la de Virginia Woolf) ya se creyó eso de que es muy buena actriz, y la verdad es que nomás no. Es agradable verla en pantalla, su rostro es de los más hermosos del mundo, pero se queda muy corta a la hora de transmitir emociones; por más que se esfuerce apenas tiene chispazos. Lo suyo son las miradas supuestamente intensas y los pucheros. Ésos sí le salen muy bien, pero son un recurso muy limitado a la hora de actuar emociones más complejas.

Y obviamente quien se la lleva de calle es Robert Downey Jr., el peludo enmascarado, quien logra cautivar nomás con la voz, la mirada y el lenguaje corporal. El chaparrín es un gran actor, pero con unos conflictos interiores que no podido manejar adecuadamente y han dado al traste con una carrera que podría haberle salido mil veces mejor. Sin embargo, precisamente esas broncas le han dado unos rasgos de hombre torturado (ya tiene el rostro arrugado, pues) que le sirven muy bien para papeles como éste.

Por otra parte, personalmente como espectador, me sentí esquilmado. La película abre con una provocación: la Kidman como la Arbus acude a un campo nudista para fotografiar a los asistentes. La recibe una pareja, obviamente, desnuda y le dicen que sí puede sacar las fotos, pero tendrá que desnudarse también. Corte a lo demás, y al final sólo vemos de lejitos a la Kidman encuerada. Ni un pezoncito ni una nalguita ni un desnudo frontal ni nada. ¡Carajo! ¿Qué le costaba enseñar su palmito si ya lo había hecho abiertamente en “Ojos bien cerrados” hace unos años? ¿Por qué ahora la mojigatería de su parte?

Por lo demás, la película es muy buena, la producción está muy cuidada, la fotografía trata de expresar con fidelidad esa visión del mundo torturada y extraña de Diane Arbus, pero por todo lo antedicho no cuaja todo lo bien que debería. Aún así, vale la pena ir a verla.


Si quieren saber más y ver fotos originales de Diane Arbus, vayan aquí.

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4 Comments:

Blogger Alejandro said...

No mames, Vega. La película no es buena. Es mojigata, fresa, sin sustancia ni sal. Está hecha únicamente para que la Kidman luzca esa cara que a muchos les gusta.
La Kidman es mala actriz, y tan cachonda como una rebanada de pan bimbo blanco.
La historia y personalidad de Diane Arbus daba para algo más que un mal logrado remake de La bella y la bestia con acercamientos a Freaks.
Era un tema excelente, sórdido, con una buena dosis de morbo... lástima que en aras de un romanticismo falaz lo pasteurizaran tanto.

Alejandro Correa

12:46 p.m.  
Blogger Guillermo Vega Zaragoza said...

¡Què onda, Alejandrito!

Mejor abre ya tu blog y no andes de francotirador desautorizando mis sesudos anàlisis cinematograficos, que a todos gustan y excitan.

Y aùn mejor: pongàmosle fecha y lavemos esta afrenta con alcohol, al fin y al cabo somos casi vecinos.

El Vega

12:55 p.m.  
Blogger Alecos said...

Circo, maroma y teatro. Me late la idea de un reencuentro como el de The Police.

Somos prácticamente vecinos, la casa de Dora y un servidor está dentro del terreno que ocupa La Fermatta del Moro.

Usted proponga fechas, ya que entre sus talleres, lecturas, blogs, asesorías, clases e intentos infructuosos por ligarse a sus alumnas le debe quedar muy poco tiempo.

Estoy en eso de abrir mi blog. Soy nuevo en eso, pero creo que terminaré dominándolo. Ya verá...

Espero sus propuestas.

El Alejandro (alecosa@yahoo.com; alecosa@gmail.com)

6:37 p.m.  
Blogger Juan Pérez said...

Me la estoy viendo y no me ha parecido mala

9:29 p.m.  

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