miércoles, mayo 17, 2006

Desde el 2000, un asesino impune en la Presidencia

Estrictamente personal

Crimen sin castigo
por Raymundo Riva Palacio


El Universal 17 de mayo de 2006
http://www.eluniversal.com.mx/columnas/57630.html

Un viejo caso de página roja puso a Vicente Fox en el umbral de acabar con su carrera política, pero el PRI le perdonó su error.

El 10 de noviembre de 1990 sucedió un trágico suceso en León, Guanajuato, donde perdió la vida Desideria Pérez Pérez, de 83 años. Un auto compacto que arrancó cuando todavía tenía el semáforo en rojo, fue embestido por una camioneta pick up y terminó arrollando a la anciana que, ese sábado cerca del mediodía, hacía lo de todos los días, vender periódicos. Ahí empezaron a suceder cosas extrañas con el expediente y la integración de la investigación, que al final de cuentas hizo que el conductor del auto compacto ni siquiera fuera llamado a declarar ante el Ministerio Público. Más aún, los periódicos de la época desaparecieron de la hemeroteca local, porque había un fuerte interés de que todo fuera ocultado por el tiempo. Las influencias políticas aparecieron, pese a que nadie se imaginaba en ese momento que el homicida imprudencial se convertiría, años después, en Presidente de México.

En ese año, Vicente Fox era un diputado mediocre que aspiraba la gubernatura de Guanajuato. Esa mañana acababa de salir del Comité Directivo Estatal del PAN, y en compañía del jefe de prensa, Arsenio Bañuelos, se dirigía hacia Irapuato. Nunca llegaría porque en una esquina de León se pasó la luz roja y fue embestido por un joven que, a su vez, aceleró la marcha de su camioneta cuando se prendió el amarillo del semáforo. Fox infringió una ley de tránsito y el joven fue un imprudente. Combinación fatídica. Minutos después, un hombre muy cercano a Fox -a quien haría años más tarde secretario de Estado-, Ramón Martín Huerta, a la sazón diputado federal, informó al presidente estatal del PAN, Alfredo Ling Altamirano, del incidente. "Vicente acaba de chocar en la esquina", le dijo mientras varios panistas corrían en su ayuda.

Las autoridades abrieron el expediente 6204/90 y detuvieron al entonces joven Rigoberto Almaguer, que conducía la pick up a toda velocidad. Fox, que tenía fuero por ser diputado federal, no fue arrestado. Según la nota en la página roja de El Heraldo de León, firmada por el reportero J. de Jesús Morales, Fox acompañó a los agentes de tránsito y acordó que se presentaría a declarar posteriormente ante la representación social, por lo que se le permitió retirarse. Sin embargo, reveló en junio de 2000 la revista Expresión Autónoma, que se editaba en la ciudad de México, no cumplió con su palabra, jamás rindió declaración ministerial y siempre se desentendió de toda responsabilidad material y moral.

En su campaña presidencial, una década después, en un acto en el ITAM en la capital mexicana, un estudiante le preguntó sobre aquel accidente. Fox, según Expresión Autónoma, respondió colérico: "¡Nunca he manejado vehículos desde que estoy en la política! ¡No hay nada de eso! ¡No tengo de qué avergonzarme!". Después se refirió en forma peyorativa a los medios que se hacían eco de ello, argumentando que se trataba de una guerra sucia. "Dirán que atropellé a una viejita de 91 años -dijo en un evento de la Coparmex en Pachuca-, que soy un alto vacío... y una y mil mentiras". Pero, desafió, toda imputación tendrá que ser probada.

Aunque los periódicos de la época desaparecieron de la hemeroteca de León, copias de El Sol de León y El Heraldo de León reproducidas por la revista Expresión Autónoma demuestran el involucramiento directo del Presidente en el accidente que le costó la vida a la anciana voceadora. El Sol de León le dio su principal titular del domingo 11 de noviembre de 1990, que decía: "Accidente a Fox; murió una anciana"; mientras que El Heraldo de León, en su edición vespertina del día anterior, destacaba a ocho columnas en la parte superior de su primera plana: "Vicente Fox involucrado en un lamentable accidente vial". Adicionalmente a los textos, ambos periódicos publicaron fotografías del entonces diputado, patilludo y en pantalones de mezclilla junto a su automóvil, un Tsuru II. Tres días después de la muerte de la anciana, se giró el oficio 2512/90, mediante el cual las autoridades dejaron en libertad al joven Almaguer, a quien habían señalado como el único responsable del delito de homicidio imprudencial y daños en propiedad ajena, pero Fox, que se pasó el semáforo, quedó libre y sin haber sido fichado.

Aunque el fuero lo protegía de la detención en ese momento, no otorga inmunidad absoluta a quien lo ostenta. El procedimiento que debió haberse seguido era, siendo diputado federal, la intervención de la autoridad competente y la presentación de una denuncia ante un juez para que procediera llevar el caso a la Cámara de Diputados para un juicio de desafuero. En el caso de Fox hubo un blindaje total, que le evitó el paso de ser sujeto a un juicio de desafuero, con lo cual no sólo le dio la vuelta a la autoridad por haberse pasado el alto que costó la vida de una persona y cerca de 10 millones de pesos de la época en daños materiales, sino que le dejó limpio su expediente penal, con lo cual no tuvo problemas para competir por la gubernatura, que ganó en una segunda ocasión, y por la Presidencia, a la cual llegó en 2000. Está claro que de haberse cumplido la ley, Fox no hubiera avanzado más en su carrera política.

El caso del crimen sin castigo ya no modifica la historia política de este país, pero sirve de estudio de caso de cómo el pasado de un candidato puede ser utilizado con fines políticos para destruir a un adversario. Este tema también marca una diferencia sustantiva en la forma como se está comportando Fox durante el proceso electoral de 2006, vis a vis cómo se comportaron sus adversarios cuando era candidato en 2000. A lo largo de los meses, el electorado ha visto cómo se hundió un aspirante priísta, Arturo Montiel, y cómo se ha enlodado al candidato Roberto Madrazo, con la utilización de archivos que sólo pudieron haber salido del gobierno federal. En paralelo se ha visto la batería de spots negativos en contra de Andrés Manuel López Obrador, donde se está hurgando su biografía de confrontación para presentarlo como una amenaza a México. No hay matices, y se está trasladando en automático el pasado al presente, sin ubicar su contexto, en su tiempo y espacio.

Lo mismo pudo haber pasado con Fox en 2000, pero sus adversarios optaron por una ética política. El expediente completo del accidente en que perdió la vida la anciana, llegó al escritorio del presidente Ernesto Zedillo, con la recomendación de utilizarlo políticamente. Zedillo dijo no. Otra copia llegó a la campaña de Francisco Labastida, donde se consideró que era un golpe bajo que no estaba a la altura del momento que se vivía. Fox, que no se cansa de repetir los vicios del pasado y las virtudes de su arribo al poder, no aprendió algunas lecciones valiosas de la vida política. Hoy sigue subrayando la inmoralidad de su Presidencia en la forma como se comporta. Es una lástima que lleve esa batuta, sobre todo porque él, finalmente, es un homicida imprudencial cuyo crimen no tuvo castigo.

rriva@eluniversal.com.mx
r_rivapalacio@yahoo.com

1 Comments:

Blogger Dandy Serie B said...

Cualquiera puede tener la mala suerte de ser participe en un accidente, y la diferencia entre un homicido doloso y uno imprudencial es enorme. Por eso mismo, lo más inmoral del asunto es lo que pasó después del accidente. Traficar influencias, desaparecer expedientes, deslindarse del caso sin ningún empacho, eso es lo reprobable.
Vaya, que Labastida y Zedillo sean parámetros de ética política para Fox, no es cosa menor.
Pero no nos sorprendamos, la doble moral de la derecha suele hacer cosas así y peores.

10:30 a.m.  

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