domingo, junio 11, 2017

Escritor Guillermo Vega advierte sobre tendencias extremas de la poesía


 

México, 7 Dic (Notimex).- En México es evidente que hay una gran necesidad de poesía; de leerla, de crearla y compartirla, lo cual ha favorecido que se publique más textos líricos, tanto impresos como digitales, sin embargo, hay dos tendencias extremas que no necesariamente son poesía, advirtió el escritor y periodista Guillermo Vega Zaragoza.

En declaraciones al Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), explicó que en esas tendencias hay una complicada, oscura e indescifrable, y otra muy sencilla y elemental, influida por la canción popular.

“La poesía oscura o difícil tiene un problema fundamental: la poesía tiene que comunicar, tiene que hacer que lo que siente, percibe o piensa el poeta llegue al lector de una forma estética, que sea percibido, apreciado, gozado e interpretado.

“Los grandes poetas son grandes porque escriben para toda la humanidad, para todas las épocas. En el otro extremo, el de la poesía sencilla, se ha dado lugar a mucha charlatanería y falta de rigor, a mucho “primerintencionismo”. La poesía, como todo arte, tiene sus técnicas, reglas y límites”, puntualizó.

El autor presenta hoy su antología “Poemas para ablandar a las rocas” en la Sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes; se trata de un texto compilatorio con el que celebra 30 años de trayectoria y 15 de la publicación de su primer poemario.

En la sesión, que contará con comentarios del autor y de sus colegas escritores Sandro Cohen y Héctor Carreto. también se leerán algunos textos ya que para Vega, la poesía “más que para leerla a solas es para compartirla en voz alta, en contacto directo con el público”.

Esa es la prueba de fuego para un poema, es entonces cuando se sabe si funciona o no”, expresó el autor, quien dividió su libro en tres secciones: “Zoología poética”, donde hay versos que hablan de la forma en que concibe la poesía y rinde homenaje a poetas como Efraín Huerta y Otto-Raúl González.

“A salto de palabras” da lugar a poemas sobre el acto de mirar y la dificultad para describir con palabras lo que se mira; mientras que en la tercera sección, titulada “Cuerpos”, se alb

ergan versos sobre el amor y el erotismo; la mujer y la relación de pareja, pasando por diversas emociones como la pasión, el hastío, la ternura, el desamor, la nostalgia y la desilusión.

Según él, en “Poemas para ablandar a las rocas” el lector podrá determinar si encuentra la poesía que el autor pretende transmitir, pues, como el mismo comentó: “Se es poeta porque los demás lo reconocen a uno como poeta a través de lo que escribe”.

La gente escribe porque no tiene más remedio que hacerlo, porque si uno no escribe, uno no siente que esté viviendo. Escribo por la necesidad de trascendencia, de dejar huella, de que a uno lo recuerden a través de lo que se escribe, aseveró.

Tomado de Notimex (http://www.notimex.gob.mx/ntxnotaLibre/278559)

martes, enero 03, 2017

'Apalean' los versos de Vega Zaragoza


por Yanireth Israde González

Cd. de México (03 enero 2017).- Guillermo Vega Zaragoza (Ciudad de México 1967) es autor de una poesía que interpela al lector, escrita febrilmente con cada parte de su cuerpo.

"Cuando estoy escribiendo me pongo muy contento, pero también me duele todo, como si me hubieran apaleado. Me gusta decir que escribo con todo el cuerpo", confía el también periodista y profesor, quien recientemente presentó Poemas para ablandar a las rocas (Casa Editorial Abismos), obra cáustica, irreverente, reflexiva y provocadora.

"Cuando uno escribe lo que quiere es sacudir, conmover, que haya un cambio: es el objetivo del arte, puede ser apenas una conmoción, como un escalofrío, o hacerle decir a la persona: '¡qué cosa acabo de leer, nunca me había cuestionado sobre esto!'. Lo peor que puede pasar, la mayor tragedia, es dejarlo impávido".

"¿A poco con una mujer a tu lado/vas a ser feliz?/¿A poco crees que puedes llenar/un vacío con otro vacío?", escribe en Llenar un vacío. En otro poema Vega Zaragoza apunta: "Más ahora cuenta me doy/que a pesar de su omnipotencia/Dios me necesita/más que yo a él./Necesita de mi fe/para existir".

Lo suyo no es la poesía rebuscada ni críptica, sino la comprensible, clara y directa, reconoce el editor digital de la Revista de la Universidad de México, convencido de que lo más difícil en el arte es lograr la "ilusión de naturalidad".

http://www.reforma.com/aplicaciones/articulo/default.aspx?Id=1015506&v=2

miércoles, diciembre 21, 2016

Algunas reglas del arte de escribir novelas





 por el Marqués de Sade

¡Oh, tú que quieres seguir esta espinosa carrera, no pierdas de vista que el novelista es el hombre de la naturaleza, la crea para ser su pintor!

Si no ama a su madre desde que ella lo trae al mundo, que no escriba nunca, no lo leeremos en absoluto pero si siente una sed ardiente de describir todo, si abre con frenesí el seno de la naturaleza para buscar allí su arte y encontrar modelos, si siente la fiebre del talento y el entusiasmo del genio, que siga la mano que lo conduce, habrá adivinado al hombre, lo describirá. Dominado por su imaginación, que ceda ante ella, que embellezca lo que ve. El tonto corta una rosa y la deshoja, el hombre inteligente la aspira y la pinta, ése es al que leeremos.

Al aconsejarte embellecer te prohíbo apartarte de lo verdadero; el lector tiene derecho a enojarse cuando se da cuenta que se le pide demasiado; si ve que se trata de engañarlo; su amor propio se sentirá herido, ya no cree nada cuando sospecha que se le engaña.

Al no encontrar ningún obstáculo, utiliza con libertad el derecho de acceder a todas las anécdotas de la historia, cuando la ruptura de ese freno se vuelva necesaria para los placeres que nos prepara. Una vez más, no se te pide que todo sea verdadero, sino creíble. Exigir demasiado de ti sería estropear las alegrías que esperamos; sin embargo, no reemplaces lo verdadero por lo imposible y lo que inventes, que esté bien dicho. No se te perdona que utilices la imaginación en lugar de la verdad sólo con el fin de adornar y gustar. Nunca se tendrá derecho a decir mal todo lo que uno quiere; si no escribes como R..., que eso todo mundo sabe, debes, como él, darnos cuatro volúmenes por mes, no vale la pena tomar la pluma, nadie te obliga a tomar el oficio al que te dedicas; pero si lo emprendes hazlo bien. Sobre todo, no lo hagas para sobrevivir; tu trabajo se resentiría con tus necesidades, le trasmitirías tu debilidad, tendría la palidez del hambre; podrás desempeñar otros oficios: haz zapatos, pero no escribas libros; no por eso te apreciaremos menos y, como no nos aburrirás, quizá te apreciemos más.

Una vez que hayas hecho un esbozo, trabaja ardientemente para ampliarlo, pero sin encerrarte en los límites a los que parece obligarte primero; serás frío y seco con este método. Son impulsos lo que necesitamos de ti y no reglas. Sobrepasa tus planes, varíalos y auméntalos; las ideas sólo llegan trabajando. ¿Por qué no quieres que la que te apresura cuando compones sea tan buena como la que te fue dictada por tu esbozo?

Yo no pido de ti más que una sola cosa, que sepas mantener el interés hasta la última página, pierdes tu objetivo si cortas el relato con incidencias muy repetidas o que se apartan mucho del tema; que el que utilices sea todavía más cuidado que el fondo; que tus episodios nazcan siempre del fondo del tema y vuelvan a entrar a él. Si haces viajar a tus personajes, conoce bien el país adonde los llevas. Lleva la magia al punto de identificarme con ellos. Sueña que me paseo junto con ellos por todas las regiones donde los pongas y que, al estar más instruido que tú, no te perdones ni una falsedad en las costumbres, ni un error de vestimenta y, mucho menos, una equivocación en la geografía. Como nadie te constriñe a esas escapadas, es necesario que tus descripciones locales sean reales o mejor quédate en casa; es el único caso en todas tus obras en el que no se puede tolerar la invención a menos que los países a donde me transportes sean imaginarios, y aun en esta hipótesis exigiré algo creíble.
Evita la afectación de la moral, no es en la novela donde se busca. Si los personajes que tu plan necesita son a veces poco razonables, que sea siempre sin afectación, sin la pretensión de serlo, no es el autor el que debe moralizar, es el personaje y aun así no se le debe permitir a menos que se vea forzado por las circunstancias.

Cuando se llega al desenlace, éste debe ser natural, nunca forzado, nunca maquinado, siempre surgido de las circunstancias, no exijo de ti como los autores de la Enciclopedia que esté de acuerdo con los deseos del lector porque ¿qué placer puede sentir cuando adivina todo? El desenlace debe darse de acuerdo con los acontecimientos que lo preparan, que la verdad exige, que la imaginación espera; con esos principios, los que corresponden a tu forma de pensar y tu gusto amplían, si no lo haces bien, al menos lo harás mejor que nosotros, porque hay que aceptar que en las novelas que se va a leer, el vuelo audaz que nos permitimos tomar, no siempre está de acuerdo con la severidad de las reglas del arte; pero no esperamos que la extrema verdad de los caracteres lo arregle quizá. La naturaleza más extraña de lo que los moralistas la describen, se escapa a cada instante de las barreras de la política que le quisieran prescribir. Uniforme en sus planes, irregular en sus efectos, su seno agitado se parece al cráter de un volcán, de donde se escapan, a cada momento, piedras preciosas que lucen los hombres, o globos de fuego que los matan. Es grande cuando puebla la tierra de Antonios o de Titos, pero terrible cuando vomita Andrónicos o Nerones; pero siempre sublime, siempre majestuosa, siempre digna de nuestros estudios, de nuestras plumas y de nuestra respetuosa admiración, porque sus designios nos son desconocidos y esclavos de sus caprichos o de sus necesidades, nunca es claro lo que nos hacen sentir debemos organizar nuestros sentimientos por ella, pero sobre su grandeza, sobre su energía, cualesquiera que puedan ser los resultados.

Terminemos con una garantía positiva: que las novelas que sacamos hoy son absolutamente nuevas y no están bordadas sobre fondos conocidos. Esta calidad tiene quizá algún mérito en una época donde todo parece estar hecho, donde la imaginación agotada de los autores parece no poder crear nada nuevo, donde ya no se ofrece al público sino compilaciones, extractos o traducciones.

Donatien Alphonse François, Marqués de Sade, Ideas sobre la novela, Verdehalago, 1998.

domingo, diciembre 04, 2016

"Poemas para ablandar a las rocas" en el Palacio de Bellas Artes

Están todos cordialmente invitados.
Presentación editorial "Poemas para ablandar a las rocas" de Guillermo Vega Zaragoza

lunes, octubre 31, 2016

Hoy hace 30 años...


Hoy hace 30 años que publiqué mi primera crónica en el original 'unomásuno', el de Manuel Becerra Acosta, cuando el maestro Huberto Batis coordinaba las páginas editoriales y dirigía el suplemento "sábado".

Considero este hecho como el inicio de mi carrera de periodista y escritor, a los 19 años, aunque ya desde la secundaria escribía en cosas estudiantiles, pero era un sueño salir publicado en el que entonces era el mejor periódico.

La historia de cómo fue la publiqué hace unos meses en un texto en homenaje al maestro Batis. Aquí les reproduzco el fragmento para que tengan el chisme completo:

En esa época, sería a mediados de 1986, yo tenía 19 años y una novia con la que pasaba mucho tiempo; la acompañaba a todos lados, a sus clases de inglés, a la casa de su abuelita… Hasta que un día me dijo: “¿Por qué no te buscas algo mejor que hacer? ¿No dices que quieres ser escritor? ¡Apúntate en un taller literario o algo así!”.

En el periódico aparecían anunciados los talleres literarios patrocinados por el ISSSTE, uno de los cuales, el de cuento, coordinaba Edmundo Valadés. Pero las sesiones eran en la tarde y yo iba en el turno vespertino de la carrera de Periodismo y Comunicación Colectiva en la entonces ENEP Aragón de la UNAM. No obstante, decidí que valía la pena faltar un día a clases por asistir al taller del autor de La muerte tiene permiso, nada menos. Llegué adonde se realizaba el taller, un amplio salón arriba de la estación del Metro Juárez. El lugar estaba abarrotado, había como 50 personas. Ni una silla disponible. Me quedé parado en la puerta y a lo lejos pude ver la brillante calva del maestro Valadés que leía con voz cansina unas cuartillas. Le pregunté a una persona que tampoco había alcanzado asiento cómo funcionaba el asunto. Me dijo que el maestro leía los textos y luego la gente opinaba sobre ellos. “¿Y como cuántos falta de leer?”, dije. “Como 20”, me dijo, “a mí ya mero me toca, estoy aquí desde hace tres meses”. Mala cosa. La corroboración de mi talento literario no tenía tanta paciencia.

Revisé de nuevo el anuncio de los talleres. Ningún otro me convencía y todos eran en la tarde, menos uno: el de “Periodismo literario” con Huberto Batis, los martes al mediodía en el Museo Carrillo Gil en San Ángel. Decidí apersonarme para ver de qué iba. El salón, por lo menos, no estaba tan lleno: doce o quince personas. Al frente, el director del suplemento cultural “sábado” del diario unomásuno que aún dirigía Manuel Becerra Acosta, leía un texto que, después de comentarlo positivamente, no se lo regresó al autor sino que lo guardó en su portafolios negro. Otros sí los devolvió, y así, hasta que terminó la sesión. Entonces sacó de su portafolios negro un pequeño paquete y empezó a decir nombres y algunos asistentes se levantaban a recoger un sobre. Le pregunté a la chica sentada junto a mí: “¿Y eso qué es?”. “El pago de colaboraciones. El maestro publica en el periódico los textos que más le gustan”. A lo largo de la sesión entendí que en el taller se irían explorando diversos géneros periodísticos, pero en ese entonces estaban atacando la crónica urbana. La verdad es que en los dos años y medio que duré en el taller, nunca nadie presentó otra cosa que no fueran crónicas. Batis nos conminaba a contar lo que sucedía en la ciudad. Decía: “Cuando dentro de cincuenta o cien años la gente vea el periódico y quiera saber cómo era en verdad la vida en la ciudad, no lo van a saber por las notas informativas sino por sus crónicas”.

A mí se me hizo muy fácil llevar a la semana siguiente una crónica sobre un día en la Facultad de Filosofía y Letras, que había visitado unos días antes (me parecía cotorrísimo que al pasillo principal lo llamaran “el aeropuerto”). Batis la leyó aclarando algunas inexactitudes —al fin y al cabo, él había pasado y sigue pasando la vida en la Facultad— y me la regresó: “Esto a nadie le interesa y además está muy larga. Escribe otra cosa, una historia, algo que haya pasado en la calle, máximo en dos cuartillas y media”. Así lo hice y a la semana siguiente llevé una crónica sobre un pedigüeño en el Metro que se hacía pasar por sordomudo para estafar a los pasajeros. Unos muchachos lo ponían en evidencia y él les mentaba sonoramente la madre. Batis dijo: “Esto está mejor, pero hay que cambiarle el final; no es creíble, aunque haya sido cierto”. Pero esta vez no me devolvió el texto sino que lo guardó en su portafolios negro. En la sección “Ciudad” del periódico publicaba las crónicas urbanas que se leían en el taller junto con las que escribían a quienes consideraba mis ídolos: Ignacio Trejo Fuentes, Humberto Ríos Navarrete, Amílcar Salazar, Arturo Trejo Villafuerte, Josefina Estrada, Roberto Vallarino, Sandro Cohen, José Francisco Conde Ortega. Dos semanas después, el 31 de octubre de 1986, en la página 11 del unomásuno apareció “Las estampillas del sordomudo”, mi primera colaboración en una publicación seria (antes sólo lo había hecho en pasquines estudiantiles). Ahí considero que comenzó mi vida de periodista y escritor. Compré cinco ejemplares del periódico y uno se lo regalé a mi novia, la misma que me mandó a buscarme algo que hacer. Estaba tan feliz que fuimos a festejar como festejan los novios cuando tienen 19 años. Y toda la culpa la tuvo Huberto.

jueves, marzo 24, 2016

Sobre la situación actual del periodismo




Un joven estudiante de comunicación de la UNAM me pidió que le respondiera un cuestionario para un trabajo escolar. Se los comparto por si les pudiera ser de utilidad.

Entrevista con Guillermo Vega Zaragoza

1.      ¿Qué características o cualidades considera definen la vocación de ser periodista?
R= Primero, una gran curiosidad por saber, por conocer, preguntarse por qué son las cosas como son. Segundo, habilidad para comunicarse, verbalmente y por escrito. Tercero, habilidad para relacionarse con personas de los más diferentes ámbitos, desde presidentes y delincuentes hasta artistas y pepenadores. Cuarto, honestidad, honradez y valor civil. Quinto, capacidad para aprender y adaptarse a los cambios. Sexto, aprender a hacer las preguntas correctas, las que son pertinentes y le interesan al público. Séptimo, saber investigar.
Y lo más importante: leer, leer mucho, leer de todo, leer siempre.

2.      Ante el panorama de cambio y nuevas tecnologías ¿Cuáles considera son los nuevos retos del periodista actual, para ganar reconocimiento en el campo laboral?
R= No sé si sirvan para ganar reconocimiento, pero los retos actuales son adaptarse a la nueva realidad que ha impuesto la tecnología digital a los medios de comunicación, encontrar nuevos modelos de organización y financiamiento, y aprender a ser más rápidos y más eficientes.

3.      ¿Qué consejos le daría a las nuevas generaciones, para el desempeño de la práctica profesional del periodismo?
R= Sólo dos: que lean de todo, siempre, a todas horas. Y que sean honestos consigo mismos, que no se dejen corromper por el poder.

4.      ¿Cuál es la importancia a nivel social del periodismo?
R= La que tiene actualmente es muy poca: apenas la de servir de caja de resonancia a lo que los poderosos quieren que el público se entere, para ocultar y manipular a la opinión pública. Es decir, los periodistas se han convertido en cómplices del poder y él le sirven, no a la sociedad.
Pero la que debería de tener es la de investigar e informar con honestidad y eficacia sobre lo que sucede en el mundo y denunciar lo que está mal y lo que hacen mal los gobernantes. Pero eso, en México, no lo hace nadie y cuando lo hace, a nadie le importa, no hay ningún cambio. O sí: lo corren de su medio o lo asesinan.

5.      Desde su punto de vista, ¿Cree que es posible ser objetivo en los medios de comunicación?
R= La objetividad absoluta es imposible. La misma palabra lo dice: objetividad se refiere a objetos. Y el periodismo no se refiere a ni lo hacen los objetos sino sujetos, es decir, personas; es decir, todo es subjetivo, todo depende de la persona que lo piensa o lo dice, y por lo tanto no puede ser objetivo sino subjetivo. Más que hablar de objetividad, se debe hablar de equilibrio informativo. Primero: el periodista debe buscar y registrar las diferentes visiones acerca de un fenómeno o un conflicto. Y segundo: debe de atemperar lo más que pueda sus opiniones. Esto último es casi imposible: desde la misma elección del asunto a investigar implica una posición por parte del periodista. Pero debe aclarar cuando está dando su opinión acerca de los hechos y los dichos que investiga, para que el público pueda discernir y hacerse de su propia opinión. Es decir, debe evitar editorializar, sobre todo cuando hace un texto de un género informativo, como un reportaje o una nota informativa.

6.      ¿Cuál considera que es la importancia de los medios de comunicación en México?
R= Para los poderosos, para los políticos y los dueños del dinero, son sumamente importantes: sirven para ocultar, desinformar y manipular a la opinión pública. Sin ellos, sobre todo la televisión y la radio, sería casi imposible gobernar.
Para la gente común, los medios son formas de entretenimiento que les permiten escapar de su miserable realidad (y no hablo de dinero: los ricos también pueden vivir una miserable realidad).

7.      ¿De quién es la responsabilidad ética, del medio o del periodista?
R=De ambos. Para no ceder a las presiones del poder y de los intereses creados, para no entrar en contubernios, para no corromperse.

8.      Según su experiencia, podría decirnos si existe censura por parte de los poderes fácticos.
R= Claro que existe: hay corrupción y hay intimidación al grado de amenazar y matar. Pero hay un tipo peor de censura: la autocensura. Porque eso quiere decir que la censura ha logrado infiltrarse hasta la mente del propio periodista, que decide no investigar o no escribir lo que piensa para no meterse en problemas, o para salvar la vida.

9.      ¿Cree usted que en la práctica, el Estado garantiza a la ciudadanía el derecho a la información?
R= Desde luego que no. Al Estado, al gobierno, a los políticos y los empresarios lo único que les interesa es lucrar lo más que puedan.
El derecho a la información se lo gana y lo ejerce cada ciudadano, enterándose de lo que sucede en su colonia, en su país y en el mundo, no porque se lo otorgue o garantice el Estado sino porque ahora más que nunca existen los medios para enterarse de casi todo lo que nos debería importar fácil e instantáneamente. Que las personas estén embrutecidas por tanta telenovela y futbol y no les interese nada de lo que sucede más allá de la puerta de sus casas, es otra cosa.

10.  ¿Qué opinión le merece la Ley de Imprenta vigente? ¿es práctica?
La Ley de Imprenta es un vejestorio que se inventó cuando se podía controlar lo que se difundía en los periódicos. Hasta su nombre es caduco: en poco tiempo nada se va a imprimir, todo será digital. ¿Para qué sirve en tiempos de la comunicación globalizada e instantánea?