martes, septiembre 06, 2005

Metal Gods

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Sí, sí es: el mismísimo Robert Halford


Primero que nada, una aclaración:

Robert Halford es el mejor cantante de heavy metal que ha pisado este pinchurriento planeta. (Y que me perdonen Ian Gillan, Robert Plant y quienes ustedes gusten y manden).

¿Por qué digo esto? Porque el sábado asistí a uno de los mejores conciertos de rock que he visto en mi vida y pude corroborarlo con ojos y oídos que alguna vez serán alimento de los gusanos.

En mi hit parade como asistente a conciertos en México están:

1. Kiss (el del Reunion Tour del ‘97)
2. Los Rolling Stones (las dos veces que han venido)
3. U2 (el Zoo TV del 93)
4. Paul McCartney (la primera vez, no me acuerdo cuándo fue ¿95?)
5. Judas Priest y Whitesnake

La cosa estuvo así: compré boletos e invité a Araceli y a Rodrigo, su hijo de 5 años, a quien he pervertido regalándole discos y videos de Kiss, pero a quien también le gusta Moderatto y RBD (dénle chance: a su edad yo me prendía con Cepillín y Topo Gigio; aunque a mí la que me gusta es Roberta/Dulce María, pero no por las mismas razones que a él, ¿o sí?) El punto es que iba a ser el primer concierto de rock de su vida. Le dije a su mamá que lo vistiera como roquerito, pero a lo más que alcanzó fue a ponerle una playera negra de Mucha Lucha y ¡un botón de Madagascar! Chale.

Llegamos al Domo de Cobre (¡ah, cabrón!) a las 6:30, así que había mucho tiempo para babosear en los puestos de camisetas y baratijas. Al Rod le gustó la primera playera que vio y se la enjaretaron a su mamá en 100 varos. Luego yo me compré un CD pirata de MP3 de Whitesnake en 60 pesos porque traía en la portada todos los discos (los primeros sólo se consiguen importados de Inglaterra), pero, ¡oh, desilusión!, cuando llegué a casa encontré que nada más traía 10 discos (110 canciones) y de la última época de la banda. Y todavía la cabrona vieja del puesto me dijo: “Está garantizado, joven. Si le sale mal, se lo cambio”. Lo que debería cambiar es de país, pero, bueno…

Nos metimos al Palacio a las 7 y media. Me compré también el programa oficial de la gira (los colecciono) y Rod a huevo quería un brazalete de picos, como el que vio en el video de JP que le presté para que aprendiera sobre lo que iba a presenciar. Nomás le pudimos conseguir una pulserita de 30 pesos.

Sin contratiempos llegamos a nuestros asientos, desde donde no se veía tan mal el escenario. La banda (casi puro treintón greñudo con panza chelera) empezó a llenar el lugar, hasta que, con puntualidad inglesa, apareció Whitesnake, tocando nada menos que un medley de ¡Burn y Stormbringer, de la época de David Coverdale con Deep Purple!

DC cantando igualito que hace más de 30 años y la banda sonando soberbia. Fue como si DC llegara diciendo: “Sí soy el de a deveras, cabroncitos, y no nací ayer, tengo historia, historia chingona”.

Sin descanso, Whistesnake, con cuatro chavos nuevos y Tommy Aldrige (bataco de Ozzy Osbourne durante muchos años y que también tocó en varios álbumes anteriores de la banda), tocaron casi una hora todo lo que debían tocar (menos Don’t break my heart again ("No madrees mi corazón otra vez"), que es de las que más me prenden, pero ya se les ha de hacer muy vieja). Pero sí tocaron Fool for your loving ("Pendejo por tu amor") y eso valió la pena. Además Tommy, que parecía Animal, el baterista de la banda del programa de los Muppets, se aventó un solo de 10 minutos ¡a mano limpia! Hasta por unos momentos se me olvidó que eran el grupo abridor. Ya quisieran muchos cabrones roqueritos de ahora llegar a los 55 años con la potencia vocal, la presencia escénica y el sex appeal del DC. ¡Es un cabrón de huevos!

Las chelas corrieron a diestra y siniestra (desde luego el niño tomó refresco) y a todo mundo le llamaba la atención que el Rod estuviera tan prendido, aplaudiendo y cantando sobre los hombros de su mamá. Fui al baño y estaba atestado de banda, todos de muy buen humor, albureando y cotorreando.

De pronto, la luz se apagó y por las bocinas salieron las primeras notas de The Hellion, que es la intro a Electric Eye. Se prendieron las luces y aparecieron Glenn Tipton y K.K. Downing, una de las duplas guitarrísticas más chingonas del rock de todos los tiempos. Luego Ian Hill, que recordaba al "Queremos Rock" del programa de Héctor Suárez, nomás que más pelón, dándole al bajo como si fuera su peor enemigo. Y Scott Travis, que la verdad pensé que le pegaba más duro a los parches, pero es más bien pesado, no muy veloz, aunque siempre estuvo a la altura.

¿Y Halford? Se oía que cantaba pero no se veía por ningún lado hasta que por las pantallas se vio que estaba al fondo de un ojo gigantesco. De pronto desapareció y salió en una de las plataformas del escenario. Luego volvió a desaparecer y luego ya estaba al frente del escenario. Al principio no se movía mucho ni veía al público, inclinado, mirando al piso, cantaba como poseído y avanzaba con pasos pesados y acompasados. Pensé que a lo mejor le pesaba mucho su gabardina tamaulipeca de cuero y estoperoles. Pero no, la cosa es que poco a poco se fue soltando y en cada canción se cambiaba de chamarra o de gabardina. Siguieron con Metal gods que es como decir “Eso mero somos, cabroncitos. ¡Hínquense y adoren al chamuco metalero!”

Como no soy cronista del Reforma no les voy a reseñar todas las rolas. Nomás les voy a decir que las nuevas canciones de Angel of Retribution suenan como si el tiempo no hubiera pasado para ellos. Siguen en lo que se quedaron, con la misma energía, pero con más sabiduría. Obvio: 15 años no pasan en balde. K. K. es el más cumplidor y ponchador, y Glenn el más entusiasta para interactuar con el público. Ian es el motor que bombea desde atrás y no para de aporrear su bajo.

Pero Halford es el que no tiene madre. No baila ni salta, apenas se pasea como amo y señor del reino del metal, mira a sus súbditos y nos lanza una sonrisita cabrona, como diciendo: “Sí, soy el mero mero, adórenme, cabrones, o me los cargo al infierno” Hasta Araceli me dijo que tenía cara de perversote y que le gustaba; se desanimó un poco cuando le dije que era gay, pero luego le valió madres.

En la fila de atrás unos cuates ya estaban bien pedos, se habían quitado las playeras y enseñaban sus panzas cerveceras, y se la pasaron salpicando chela y sudor a la hora del headbangin’, pero no lo hacían con mala intención. Uno de ellos, se acercó y me dijo: “¡Tienen que tocar Victim of changes!” Y como si el cabrón supiera, la empezaron a tocar. Nomás falttaron Hot rockin’, The sentinel y Desert plains, que son las rolas que más me laten, pero era imposible que le dieran gusto a todo el público.

Terminaron el concierto como se esperaba, sacando al escenario la Harley Davidson y tocando los éxitos más movidos: Living after midnight y You’ve got another thing comin’ (que se puede traducir como “Estás pero re bien pendejo” o “No entendiste ni madres”). Pero además tocaron Hell bent for leather (“Al infierno le late el cuero”) que es como su declaración de principios.

Un poquito antes de las 12 se acabó todo y, ya bien pedo, llevé a madre e hijo a los tacos de Los Güeros en Lorenzo Boturini, nomás para enterarme que los pinches gringos habían ganado 2-0 a la decepción mexicana. ¡Pero qué importaba sí hacía mucho que no gritaba, pataleaba, saltaba y sudaba tanto en un concierto de rock! Desde que tenía 15 años soñé con ver en vivo a JP y el sueño se había cumplido. Estas son las cosas que uno le agradece a la vida tener la oportunidad de disfrutar antes de que nos cargue la chifosca.

Y sí, pequeñines: el metal existe y es inglés.

¡Háganme el favor de arrodillarse!

¡Larga vida al Sacerdote Judas!

2 Comments:

Blogger Magda said...

:( no me gusta el heavy metal, pero sí me gustó tu reseña, hasta dan ganas de haber estado ahí. Que bueno que la hayas pasado tan rico :) ¡Se me antojaron los taquitos de Boturini! ;)

¡Sí í í í!, ¡jugamos como nunca, y perdimos como siempre :))

1:01 a.m.  
Blogger Asilo Arkham said...

Hola, Guillermo. No sé si haya alguna manera de que puedas ver este comentario, aunque sea con más de dos años de atraso. Me gustó que pusieras en primer lugar el concierto de KISS; del 97: también mi sueño era ver a la agrupación original, y si aparte le agregaron producción y maquillaje original, pues qué mejor.

¿Sabías que Robert Halford era uno de los cantantes favoritos de Pavarotti? En una entevista le preguntaron: "Maestro, ¿y a usted no le gusta el rock?" "Sí, por supuesto", respondió. "¿Hay algún cantante que le guste en particular?", volvió a preguntar el reportero. "Sí: Robert Halford. ¿Lo ha escuchado? Es extraordinario", respondió Luciano Pavarotti.

Te mando un saludo, Guillermo, porque no podré estar en la presentación de Imensa Minoría.

Hasta pronto.

11:11 p.m.  

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