jueves, enero 18, 2007

Nunca aceptes un no por respuesta

En su libro Suspense, Patricia Highsmith dice que no hay que desesperarse cuando uno recibe dos o tres notas de rechazo por parte de los editores. Hay que hacerlo cuando ya llevas 20 ó 22 (como le pasó a ella).

Y aún así, no hay que tirar a la basura el texto, sino guardarlo en un cajón por un tiempo y mandar más, insistir e insistir, hasta que nos públiquen. Una vez que uno se vuelva famoso, ese mismo texto rechazado se lo van a pelear los editores y no le van a ponerle ni un pero.

Me acordé de esto, porque me llegó esta colección de desafortunados dictámenes de editores que no supieron o no quisieron reconocer el valor de una obra o de un autor y lo rechazaron, incluso en términos no muy diplomáticos que digamos. No sé que tan verídicos sean, pero no me extrañaría ni tantito que sí lo fueran, pues hasta al mejor cazador se le va la liebre.

Nomás hay que recordar el vergonzoso caso del mismísimo André Gide, que rechazó el primer tomo de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust. El competidor de Gallimard, Bernard Grasset, aceptó publicarlo, a costas del autor, y fue un éxito. Gastón Gallimard se pasó años convenciendo a Proust para que perdonara la pifia de Gide y se pasara a su lista de autores, lo que finalmente ocurrió, pero el malentendido entre los dos grandes escritores al parecer nunca se arregló.

Otro caso, más reciente, es el de la famosa y rica J.K. Rowling, que sufrió el rechazo de la friolera de 22 editoriales para publicar el primer tomo de la saga de Harry Potter. Una pequeña editorial decidió finalente publicarlo, pero con la condición de que la autora usara sus iniciales, en la portada ¡para no revelar que se trataba de una mujer!, ya que según ellos el mercado infantil y juvenil era muy suceptible al género sexual de los autores (¿?).

Desde luego, esa pequeña editorial ahora es un emporio gracias a la Rowling y los editores que la rechazaron deben estar ya calvos de tanto arrancarse los pelos cada vez que ven las cifras estratósfericas de las ventas de esta autora, que es por cierto la única escritora que figura en la lista de Forbes 500, es decir, entre las 500 personas más ricas del mundo (el otro escritor que figura en dicho listado es Stephen King, que durante años fue el único literato incluido).

¿Qué hubiera pasado si los autores se desaniman por la opinión errada de algún editor descuidado, incompetente o cobarde? Desde luego, no gozaríamos de esas obras y el mundo sería un poco peor de lo que ya está.

Estos son los dictámenes:

"Lamentamos decirle que nos oponemos a publicar Moby Dick ya que no lo consideramos apropiado para el mercado juvenil. Es muy largo, algo anticuado y en nuestra opinión no merece la reputación que parece disfrutar usted con sus otros libros".
Editor a Herman Melville.

"No sirve. Ni lo suficientemente larga para una serie, ni lo suficientemente corta para una sola historia".
Editor a Sir Arthur Conan Doyle cuando presentó Estudio en escarlata de Sherlock Holmes.

"Lo siento señor Kipling, pero usted simplemente no sabe emplear el idioma inglés".
Editor, en la nota donde rechazaba El libro de la selva.

"No es lo suficientemente interesante para un lector común ni lo suficientemente profunda para un lector científico".
Editor a H. G. Wells en la nota de rechazo a La máquina del tiempo.

"Por su propio bien, no publique este libro".
Editor a D. H. Lawrence, refiriéndose a El amante de Lady Chatterley.

"¡Dios mío! no puedo publicar este libro, nos meterían a ambos a la cárcel".
Editor a William Faulkner después de leer el manuscrito de Santuario.

"No está usted dotado para escribir, harìa mejor en dedicarse a otra cosa".
Editor a Gabriel García Márquez en la nota de rechazo de La hojarasca.

"Esta historia debería ser, y quizá debería haber sido contada por un psicoanalista; y en cambio ha sido transformada en una novela que contiene pasajes maravillosos, pero es abrumadoramente nauseabunda incluso para un freudiano iluminado. Para el público sería repugnante. Es una representación perversa en todos los sentidos. Me perturba que el escritor pretenda publicarla. Sugiero que la entierre bajo una piedra durante mil años".
Editor refiriéndose a Lolita de Vladimir Nabokov.

"¡Vaya basura! El autor de este libro rebasa toda ayuda psiquiátrica"
Editor refiriéndose a Crash de J. G. Ballard.

"Su manuscrito es bueno y original; pero la parte que es buena no es original, y la parte que es original no es buena"
Editor a Patricia Highsmith después de leer La celda de cristal.

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1 Comments:

Blogger Dandy Serie B said...

Maestro Vega, vamos a poner una editorial, confío en su ojo de buen cubero y en su olfato. Insisto en que deberíamos pedir el patrocinio de Bacardí, quien quita y descubirmos a los nuevos valores juveniles.

12:50 a.m.  

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