viernes, enero 12, 2007

En memoria de Arrigo Coen

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Me había prometido a mí mismo que desterraría las necrológicas de este blog, pero la triste noticia del deceso del gran maestro Arrigo Coen me hace mandar esa intención al carajo.

Don Arrigo Coen Anitúa, fallecido la madrugada del viernes 12 de enero a los 93 años de edad, fue uno de los más grandes filólogos de habla hispana. Sus conocimientos sobre nuestro idioma rebasaban con mucho los límites de la simple erudición. Conocía como nadie los vericuetos de nuestra lengua y, lo más importante, los transmitía generosamente a través de sus artículos, clases y apariciones en radio y televisión, con sencillez, amenidad, inteligencia y mucho sentido del humor.

Nació en Pavía, Italia, el 10 de mayo de 1913. Su madre fue la célebre cantante de ópera Fanny Anitúa, considerada una de las mejores mezzosopranos de la historia musical. Debido a los constantes viajes de su familia, Arrigo llegó a México hasta 1921, donde estudió en colegios franceses. En 1940 se naturalizó mexicano y cursó la carrera de perito bancario, aunque su verdadera pasión siempre fue el estudio del idioma, cuyos secretos desentrañó de manera autodidacta.

Trabajó en diversas agencias de publicidad y colaboró en la versión latinoamericana de la Encyclopaedia Británica. Fue funcionario de la Secretaría de Educación Pública y director del Centro de Consulta de la Comisión para la Defensa del Idioma Español. Catedrático de filología, español superior y semántica, fue miembro de la Societé Internationale de Philologie et Linguistique Romanes.

Por las generaciones recientes fue conocido gracias a su programa sabatino en Radio Monitor, “Redención de significados”, que duró más de 14 años al aire, pero hace más de dos décadas participó en el programa “Sopa de Letras”, que formaba parte de la barra de “Sábados con Saldaña” y que transmitía el Canal 13.

Cada sábado, a la una o dos de la tarde, aparecía en las pantallas una pléyade de eruditos para responder a las preguntas del público acerca del idioma o de temas de cultura general. Entre ellos, además de don Arrigo, estaba Felipe San José, quien por cierto escribía o escribe la sección “Enriquezca su vocabulario” del famoso Selecciones del Reader’s Digest. Felipe y Arrigo formaban la dupla de sabios lingüistas del programa y con frecuencia protagonizaban sabrosos debates sobre la etimología de determinaba palabra. Era toda una delicia escucharlos y aprender de ellos. Lástima que todo eso nada más sea un recuerdo, porque en la televisión comercial la inteligencia parece estar definitivamente desterrada.

En la emisión también aparecía don Pancho Liguori, el famoso epigramista igualmente fallecido, y Willy de Winter, sorprendente palindromista, además de Mario Méndez Acosta, periodista e investigador escéptico, que buscaba desenmascarar las paparruchas de ufólogos, espiritistas y demás timadores.

El próximo miércoles iniciaría un nuevo curso en la Escuela de Escritores de SOGEM, de la que fue docente durante muchos años. Aquejado por varios padecimientos, tenía que apoyarse en andadera para remontar los empinados escalones para llegar al salón. En cierta ocasión, un alumno, al verlo subir lenta y dificultosamente, trató de ayudarlo, pero don Arrigo con recia cortesía le dijo: “¿Acaso yo le pedí que me ayudara? Si no le piden ayuda, no tiene por qué darla”. Nunca aceptó que se le tuviera alguna conmiseración por su edad o su condición física. Siempre se condujo con gran dignidad y energía.

Sus clases eran una delicia, a pesar de que a veces tenía dificultades para hablar y escuchar. Por eso pedía a sus alumnos que se acercaran al frente y hablaran con voz fuerte. Lamentablemente sus libros, como El lenguaje que usted habla y Para saber lo que se dice I y II están agotados desde hace mucho tiempo y son inconseguibles, incluso en las librerías de viejo, pero él prestaba sus ajados y únicos ejemplares a los alumnos para que los fotocopiaran. Ojalá algún editor inteligente los vuelva a publicar. Siempre serán una herramienta utilísima para todo aquel que quiera expresarse con propiedad de manera hablada o escrita.

Además de los conocimientos idiomáticos, don Arrigo marcó con sus enseñanzas de vida a quienes tuvieron la fortuna de conocerlo. Solía decir que lo importante de la vida es el equilibrio, que se pueden tener excesos, pero que hay que saber compensarlos poniendo límites en otras cosas, y que lo difícil es saber en qué hay que medirse, porque el hombre tiende siempre al exceso sin pensar en las consecuencias.

Don Arrigo se mantuvo lúcido siempre y nunca dejaba de ejercitar su mente y su alegría de vivir. Fue un gran amante de las mujeres, de la buena comida y del buen vino, de la amistad, pero sobre todo del idioma, de la literatura y del arte.

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5 Comments:

Blogger Gerardo de Jesús Monroy said...

No puede haber una pérdida peor. Sólo hablé con él una vez, pero es un recuerdo muy importante para mí.

1:35 p.m.  
Blogger Kix said...

Postée lo mismo yo. Una pérdida irreparable. Saludos.

6:57 p.m.  
Blogger Unknown said...

Tuve el enorme gusto de ser su alumno en un diplomado de Lingüística Transtextual. El Maestro siempre fue amable, cortés y sorprendentemente inteligente. Le estoy muy agradecido por todo lo que aprendí de él, su actitud, personalidad y fuerte disposición hacia los demás me inspiran a tratar de imitar su buen ejemplo: transmitir con alegría lo que uno aprende. Mil gracias Maestro Coen, su tránsito por mi vida fue una bendición.

8:57 p.m.  
Blogger Raúl Márquez Garza said...

Yo tengo Para Saber lo que se Dice II.

Si te interesa, nos podemos poner de acuerdo para que le saques una copia.

Puedes contantarme en mi blog o en r9m3 en yahoo.fr

4:36 a.m.  
Anonymous Anónimo said...

Hable sólo una vez con Don Arrigo, sencillamente una persona excepcional. Tengo El lenguaje que usted habla y es uno de mis mayores tesoros porque está autografiado por él mismo. Descanse en paz el Gran maestro.

5:48 p.m.  

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