viernes, marzo 10, 2006

La culpa la tiene el Messenger

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Hacía mucho tiempo que no platicaba con ella, así que le empecé a contar el episodio de la mujer que vive en otra ciudad y que, aunque tiene pareja, venía a verme todas las semanas a la capital.

- ¿Entonces tiene pareja? –dijo ella.

- Sí –dije yo.

- ¿Y crees que eso está bien?

- Claro que no. Lo que me mata es la incertidumbre: no saber si lo va a dejar para venirse a vivir conmigo, si va a andar con los dos al mismo tiempo, o a dejarme en paz de una vez por todas, cualquier cosa, pero que se decida.

- ¿Y te parecen correctas esas alternativas?

- Pues no, tampoco, pero la cosa es que no entiendo qué es lo que ella quiere realmente conmigo. Si no quisiera algo conmigo no vendría desde allá nada más a verme. ¿Estás de acuerdo?

- No.

- Ahí está: ¿quién entiende lo que quieren las mujeres? –dije yo.

- ¿Tienes casi cuarenta años, dices que eres escritor y no sabes lo que quieren las mujeres? –dijo con muchos signos de admiración e interrogación.

- No, no sé.

- Entonces te prohíbo que escribas sobre cosas acerca de las que no tienes ni idea–dijo y se desconectó.

“En la madre”, pensé. “¿Entonces ahora de qué voy a escribir?”

Por eso odio el pinche Messenger.

2 Comments:

Blogger danielgang said...

buen blog... saludos

1:31 p.m.  
Blogger Magda said...

Creo que no importa que no comprendas "qué es lo que ella quiere realmente contigo", sino lo que tu quieres con/de ella, eso sí que importa. Lo que ella quiere contigo ella lo sabe y es cosa de ella. Quizá sería conveniente empezar a pensar al revés, de ti para allá, no de allá para ti ;)

¿No será?

1:22 p.m.  

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