lunes, abril 24, 2006

Match Point

Image hosting by Photobucket
A la concuña se le arrima...

Fui a ver la nueva película de Woody Allen, Match Point, que venía antecedida por comentarios muy positivos de casi todo mundo, quesque se trataba de su mejor película en muchos años. La verdad es que no es para tanto. Lo que sentí es que Woody se la ha pasado contando una y otra vez la misma historia, con una estructura muy hecha, muy armada, en la que en cada ocasión introduce variaciones que nos hacen creer que está contando una historia nueva, pero en realidad es la misma de siempre.

Para empezar, la película está ambientada en Londres. Pero resulta que los londinenses son casi iguales (por no decir, exactamente iguales) que los habitantes de Nueva York. Exacto, de esos newyorkers que aparecen en sus películas desde Annie Hall hasta Melinda y Melinda: personas instruidas y sensibles, que van al teatro, al cine, leen, van a galerías, comen en buenos restaurantes y siempre platican cosas interesantes como si maldita la cosa, tienen departamentos bellísimos y nunca tienen problemas de lana, que caminan por las calles limpísimas de la ciudad y se encuentran casualmente saliendo de tiendas y museos, además de que siempre hacen citas culteranas en sus conversaciones más banales. Bueno, pues exactamente así son los ingleses de esta película. Lo que me llevó a pensar que esos personajes son pura invención de Woody, que en realidad nunca han existido personas así, más que en la imaginación de este cineasta, que son los personajes que a él le gustaría conocer y tratar en la vida real, y que todos hemos caído en su engaño. También me puse a pensar cómo serían los personajes de Woody Allen si tuviera que filmar en París o en la Ciudad de México. ¿Se imaginan a sus personajes paseando por La Condesa o Polanco en lugar del Upper West Side o como se llame?

Además de locación, Woody cambia también de música. Ahora ya no es Gershwin o el jazz clásico sino arias de ópera, supuestamente porque la historia es más sería y profunda. Un joven, promesa del tenis, de origen humilde, se retira prematuramente y se dedica a ser instructor. Conoce a un chavo de clase alta al que le simpatiza y lo invita a la ópera. La hermana del chavo queda prendada del tenista, pero a éste le atrae la novia del chavo, una aspirante a actriz (que interpreta Scarlett Johansson). El tenista se casa con la hermana y empieza a ascender en las empresas del suegro. El tenista y la actriz se hacen amantes y… bueno, la cosa es que hace un drama en el que el protagonista tiene que tomar decisiones de dudosa moral.

La historia avanza lentamente, pero logra impactar con el inesperado desenlace. Como bien dijo Leonardo García Tsao en La Jornada , Woody hace la primera metáfora visual de su carrera, con eso de en qué lado cae la pelota de tenis cuando pega en la red, y que todo eso es cosa de suerte.

Como siempre las actuaciones son en general muy aceptables. Johansson está muy bien, aunque al final está medio sobreactuada y se comporta como anteriores heroínas histéricas de las películas de Allen. El protagonista tiene más matices (físicamente se parece mucho a Joaquín Phoenix) y logra comunicar sus conflictos internos. Los demás personajes, aunque acartonados y estereotipados, funcionan (Brian Cox ni parece burgués inglés, nomás es el pretexto para que el tenista tenga trabajo).

En fin, parece que Allen por fin le está agarrando la onda al cine técnicamente hablando. La fotografía es bellísima, hay mayor variedad en los encuadres, hay una intención más cinematográfica que sólo narrativa (es decir, las imágenes dicen algo, no nada más ilustran lo que hablan los personajes). Lástima que lo haya tenido que aprender cuando ya tiene setenta años. A lo mejor si hubiera salido antes de Estados Unidos nos hubiera ofrecido películas más variadas, interesantes y estéticamente valiosas.

7 Comments:

Blogger ira said...

Difiero, creo que ya se me puso muy exigentoso. Estereotipados? Pos si es melodrama, nomàs que buen melodrama. Asì debían ser los personajes.
El protagonista no está matizado a la Chejov ni a la Carver, pero es sólido. La Scarlett, bueno, es complicado que no se vuelva histérica: alchólica en ciernes, despedida del sueño de aristocracia, dos abortos y un chilpayate a cassette. A ver, aguántele esa sin flipar.

8:44 p.m.  
Blogger Guillermo said...

OK, OK, pégame, pero no me dejes:

Yo más bien me refiero a cómo la actriz interpreta, no necesariamente a que eso no la ponga histérica.

Y bueno, uno esperaría que Woody Allen, sobre todo en plan más serio, se diera un tiempito para desarrollar mejor sus personajes, ¿no?

Pero sí me gustó y me emocionó, que conste.

Besos.

G.

2:43 p.m.  
Blogger mopar77 said...

Oye compadre, como que te hace falta viajar un poquito. Eso de decir que los londinenses son “exactamente iguales” a los neoyorquinos muestra que te haría bien salir alguna vez del DF... por lo menos lánzate por unas quesadillas de sesos a la Marquesa...

1:24 a.m.  
Blogger Guillermo said...

No, si te digo...

Al que le parecen que son exactamente iguales es a Woody Allen en esta película, no a mí.

Creí que estaba muy claro, pero es evidente que debo mejorar mi redacción.

O aumentar el tamaño de las letras para que se lean mejor...

Y tomaré en cuenta el consejo: iré a la Marquesa, que ha de ser igualita a la campiña inglesa y así me daré una idea.

Besitos...

10:53 a.m.  
Blogger mopar77 said...

Qué mal pretexto...

Suerte en la Marquesa.

11:39 a.m.  
Blogger nacho said...

Memo: gracias por la recomendación, ya haremos nuestro apunte... Saludos.

1:17 a.m.  
Blogger nephyla said...

hola

interesante blog

1:30 a.m.  

Publicar un comentario

<< Home