lunes, agosto 23, 2010

El olvido no es que algo se borre en la memoria

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UNA NOCHE

por Darío Jaramillo Agudelo

El día no es la luz,
es tiniebla trasparente que se viste de negro con las horas,
para que las voces del insomnio
traspasen el silencio de la noche
y el quiste del desamor se convierta en un llanto de palabras quebradas, en un clamor del aire.
El olvido es amor que se convierte en nada interminable de obsesiones,
en lento deshacerse;
al final del amor está el olvido y el olvido demora madurándose
y las voces que a veces se escuchan a la madrugada, antes de la primera luz,
son eco del silencio angustiado de los seres que olvidan, de los seres que
amaron y llevan semanas y meses olvidando.
El olvido no es que algo se borre en la memoria,
el olvido te ocupa todo el tiempo, a la hora del trabajo o del aseo, cuando comes o rezas no te olvidas de olvidar.
Entretanto en la noche, cuando el silencio es la materia más consistente de lo oscuro,
se cuelan voces sin dueño, las voces silenciosas de aquellos que agonizan
olvidando:
—Voy birlando tus apariciones, eludo los instantes en que sólo a ti te deseo,
le hago el quite a tu asuencia,
eres la mía nunca más,
nadie repite, no hay regresos, lo sabemos, pero no descanso de olvidarte,
me gasto cada noche entera contigo, olvidándote. Tú bien lejos y yo aquí contigo
olvidándote,
olvidándote.
—La palabra mata
y yo te voy desollando con cada sílaba.
Dardo mi verbo, arma mortal.
Lunas en agonía hacen explosión en esta memoria de guerra.
Cuando el amor acaba todo recuerdo tortura, olvidando se convierten en espinas las dichas del pasado:
saber que me amaste es aprender que tu amor envenena;
para degradarme hoy, te amé entonces.
Estoy en guerra con lo que tengo de ti, un fantasma que se apodera de mis noches,
la rabia de saber que no es el tuyo, cuando abrazo otro cuerpo.
Tengo que purificarme de ti, suicidarme de ti, mudar la piel que tú acariciaste.
Tengo que matarte en mí para no ser sólo un pedazo de pasado.
—Cómo te voy desamando, qué largo y monótono ejercicio ya no amarte
y pensar en ti todo el tiempo,
qué tortura sutil sentir que mi lujuria está en abrazar un cuerpo que ya no abrazaré,
¿cuándo un tiempo sin ti y conmigo, vuelto a mí, recuperado de la droga de tu aliento?
Te expulso de mí, te exorcizo, te llamo a cada segundo para que salgas de mi alma, para que tu fantasma no me anule.
Ah, nuestros momentos de dicha quedan demasiado lejos y ya no me justifican los insomnios de este olvido minucioso.
Se me va un día entero olvidando cada minuto de nosotros.
Se me va toda la rabia cuando me doy cuenta, lacerado, de que ni siquiera
pude herirte.

(De Poemas de Esteban, incluido en Libros de Poemas, FCE, 2003).

1 Comments:

Blogger RDALLO said...

MAGNIFICO ESCRITO... SALUDOS.

10:06 p.m.  

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