jueves, julio 25, 2013

Un malabarista de palabras


por Laura Ávalos

Las primeras veces tienen su encanto, eso es bien sabido

Podemos caer en los extremos de odiar o amar en esas primeras veces, y es por esto que nos permiten crear ángeles y demonios. Entonces les advierto que sí hoy es la primera vez que escuchan o leen a Guillermo Vega, solamente habrá de dos sopas. Eso le tocará decidirlo a cada quien.

Pero quizás pueda ayudar en algo.

“Mira si seré pendejo o despistado
Que creo que es poesía cualquier cosa que escribo.”

Esto lo dice él, y después remata:

“me voy a sentar a esperar a que me escribas un poema
Donde me pidas que regrese o que no me vaya
Me voy a sentar a esperar a que regreses
A que te vayas y regreses
En uno más de tus vaivenes interminables”

Y es que de eso se trata esta primera vez, de poner dedo para que descubran a Guillermo. Decirles abiertamente que tiene la pluma clavada en el tintero y en el corazón, que tiene la ternura para narrar sobre el degollamiento de palomas, puercos y hombres,  la rudeza suficiente para escribirle un poema de largo aliento a una mujer sorda;  y salir bien librado al hacer malabares con las palabras.

En la escritura de Guillermo, aparecen continuamente fantasmas: Bukowsky, o de esos chavos que hicieron de la Onda un buen nutriente literario para las generaciones futuras. Pero no se equivoquen, estas remembranzas son comunes pues como bien dice la Aeromusa: Los buenos artistas copian, los geniales hurtan (bueno, eso lo dijo Chaplin).

Por otro lado y si mal no recuerdo, por edades y formalismos impuestos por la fauna intelectual del país, Guillermo debería de aparecer junto a Volpi o a un Villoro, pero su escritura nace tarde, desfasada de los actuales líderes literarios, y qué bueno. Porque lejos de ataduras, lejos de los ídolos a imitar, de presiones por agradar y mantener el best seller, Guillermo hace crecer su escritura en la marginalidad, que no es lo mismo que el olvido,  la madurez que ha alcanzado con Sinsaber, se nota cuando envuelve al lector en algo que parece ser un vicio suave, lento, y peligrosamente adictivo.

Y es que Sinsaber recorre esos lugares comunes, las relaciones de pareja, el masoquista vaivén del amor, la duda existencial que anida en cada poeta, los mismos lugares comunes que cada quien atraviesa pero que el escritor, cual si fuera condena NECESITA dejar registro escrito de ella con palabras rítmicas que amortigüen, el día a día.

“Uno recoge
Lo que a lo largo de la vida
Ha ido tirando,
Reponiendo cristales quebrados
Por la propia estupidez”

Y muchos puristas dirán, ¿qué hay de bello en el día a día?, y yo les diré ustedes no son escritores, mucho menos poetas, y fatalmente tampoco son Guillermo Vega.  Así que lo menos que pueden hacer es leerlo.
  
“Escribir como si no hubiera más remedio
Escribir aunque sea un poco,
Donde sea, cuando sea, como sea,
Como si te estuvieras desangrando,
Como si de veras te doliera,
Como si se te fuera la vida,
Como respirar un aire enrarecido,
Como si fuera lo único importante.
Escribir aunque a nadie le importe.”

Podría terminar diciendo que Guillermo es un primerizo, un punk literario, un malabarista de palabras que va a destiempo, un bukoswkiano empedernido,… pero no, Guillermo Vega es sin lugar a dudas un verdadero escritor.

Palabras de Laura Ávalos durante la "Aproximación Literaria a Sinsaber de Guillermo Vega Zaragoza", en Pajarito Café de Zamora, Michoacán, el 19 de julio de 2013.