martes, marzo 07, 2006

Capote

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"Soy alcohólico, soy drogadicto, soy homosexual. ¡Soy un genio!"


Pues fui a ver la tan mentada película sobre Truman Capote y debo decir que está muy bien hecha, pero que no profundiza en la personalidad ni la problemática de Capote. La película lo retrata como un joto egoísta (que lo era), obsesionado con la fama, el reconocimiento y el éxito (que lo estaba), que se aprovechó del pobre asesino iletrado para sacarle la sopa y terminar su novela (que lo hizo). Pues sí, Capote fue todo eso, pero no nada más eso.

El guión está basado en la biografía más completa que se ha escrito hasta el momento sobre Capote: la de Gerald Clarke, pero sólo utiliza la parte dedicada a la realización de A sangre fría. En la película se habla un poco de la infancia de Capote, quien fue un niño abandonado por su madre, puta y medio loca, que lo dejaba encerrado para irse con hombres. Capote creció, pues, sintiéndose rechazado, entre los delirios de grandeza de su madre y la pobreza de la vida con las tías que lo criaron.

Muy joven decidió irse a Nueva York, para convertirse en escritor. Aprendió, por ejemplo, que para hacer relaciones y subir en la escala social, a falta de dinero y personalidad tenía que desarrollar la inteligencia, el ingenio y el autoescarnio, antes de que los demás se lo aplicaran a él.

Eso sí está muy bien retratado en la película: su encanto social. Debió haber sido delicioso estar en una fiesta con él (siempre y cuando uno no fuera el blanco de su lengua mordaz), deleitándose con su capacidad para hacer reír a costa de él mismo, pero también por los certeros dardos que soltaba hacia los demás. Ese es el encanto de la ironía: hacer reír a costa de otros, y que hasta el aludido se ría de la cosa atroz que se ha dicho de él. Para esto ayuda muchísimo, obviamente, la actuación de Philip Seymour Hoffman, quien se ve que estudió a Capote hasta el más mínimo detalle (incluso en los movimientos de la nariz).

Capote fue reconocido desde muy temprano por su talento literario, pero para él nunca fue suficiente. Él quería dejar una huella indeleble en la historia de la literatura: quería fundar un nuevo género literario: la novela sin ficción (que es la traducción correcta de non fiction novel). Y lo hizo. Y si para hacerlo tuvo que engañar y traicionar al asesino Perry, pues ni modo. La literatura y el arte se basan en cuestiones estéticas, no éticas. Para el artista, lo más importante es alcanzar la belleza y si para eso hay que matar, tracionar vender a la propia madre, pues que así sea.

Sí: en su momento, Capote estuvo ante un dilema moral y decidió en consecuencia, y en eso parece querer centrarse la película, pero el juicio sobre Capote resulta incompleto si no se toma en cuenta el antes y el después de su vida.

Capote mismo lo escribió en el prólogo de Plegarias atendidas: “Cuando Dios te regala un don, también te da un látigo para que te autoflageles”. Su don era escribir, pero sus látigos fueron el afán casi enfermizo de reconocimiento, la culpa y el remordimiento. Todo ello lo llevó al alcoholismo y la drogadicción.

En su momento, nadie le reconoció a Capote el mérito de haber creado un nuevo género literario. Se les hacía demasiado pretencioso. No le dieron el Premio Pulitzer, pero en 1977 sí se lo dieron a Norman Mailer, por La canción del verdugo, un libro sobre otro condenado a muerte por asesinato. Nada más que Mailer contrató a investigadores para que le trajeran los datos y él nunca movió su gordo y judío trasero del escritorio, mientras que Capote se fletó bien y bonito, como bien se ve en la película.

En lugar de resignarse, Capote quiso repetir la hazaña. Dijo que iba a terminar lo que Proust había comenzado: iba a “elevar el chisme social a las alturas de género literario”. Y si para ello tenía que traicionar a sus amigochas ricachonas de la high society neoyorquina, pues lo haría. Si ya había traicionado a un condenado a muerte, ¿qué más podía pasarle?

Pues le pasó algo peor: la muerte social. En cuanto aparecieron los capítulos de Plegarias atendidas en el New Yorker (¿o fue el Esquire?), sus amigas ricachas le retiraron el habla, su teléfono dejó de sonar y ya nadie lo invitaba a ninguna fiesta.

Capote se dio cuenta, demasiado tarde, de algo que era evidente para todos, menos para él: que él no pertenecía a ese círculo social. Como a lo mejor tampoco pertenecía al círculo literario de los “consagrados” del que ansiaba obtener reconocimiento. Y se hundió aún más en la depresión y el alcoholismo.

Exactamente 20 años antes de morir, en 1964, Capote escribió un relato titulado "Lola" y que aparece en el libro Ladran los perros (lo pueden leer en inglés aquí). Es la historia de un cuervo con las alas cortadas que se cree perro. Como no puede volar, un día se cae del balcón huyendo de un gato y se lo lleva el camión de la basura.

Sin saberlo (como casi todos los escritores), en realidad Capote estaba escribiendo sobre sí mismo:

“One day it occurred to me that Lola did not know she was a bird. She thought she was a dog. Graziella agreed with me, and we both laughed; we considered it a delightful quirk, neither one foreseeing that Lola's misconception was certain to end in tragedy: the doom that awaits all of us who reject our own natures and insist on being something else than ourselves”.

Esa es la verdadera tragedia de Truman Capote: rechazó su propia naturaleza e insistió en ser algo que no era, en lugar de ser simplemente él mismo.

(Por cierto: al final de la película se dice que Capote nunca volvió a escribir un libro después de A sangre fría, lo cual es una idiotez del tamaño del mundo. Escribió un libro de relatos genial que se llama Música para camaleones)

2 Comments:

Blogger Michelle On The Road said...

Así es mi queridísmo Vega, lástima que Música para camaleones sea un libro tan poco visitado. Ahora, si me lo permite, boy george con un datito que puede parcerle interesante: John Indovina, vocalista de Human Drama, me contó en una entrevista que justamente después de leer Música para camaleones, compuso dos de sus más tristes y jodidas canciones. ¿No ha de ser porqué el librito no valga la pena, verdad?
En fin, datos inútiles que a nadie importan.
Salud,
Mich

12:52 p.m.  
Blogger mgcaballero said...

Memo Vega zeta: ¿Ya no hay razones para encontrarnos? Qué pasó con Sergio? Mañana me voy a vivir a aguascalientes y así me despido, la escritura seguirá pero la lista de sogem morirá por su propia falta de peso, aunque sigo divertido visitando sus rollos. Te mando un abrazo sincero escritor, sé que te la crees pero no tanto para dedicarte a obras maestras, en mi opinión, en México eso ya no se hará en muuuuchos años, seguiremos siendo pretenciosos y al talento le faltará infraestructura, ¿Cómo le hacemos?
Hasta luego, Marcos García Caballero

10:35 p.m.  

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